 La finca de los Condes de Peñaflorida en su núcleo originario
estaba constituida por la antigua torre de Munibe, pegada al río y actualmente con más
semejanza formal y volumétrica de caserío, la ermita del Pilar, de la que hoy resta una
espadaña, y una casa topográficamente más alta, y por lo tanto menos umbría,
construida hacia 1700 y que a finales del siglo XIX fue comprada por Adolfo de Urquijo. A
principios del XX, encarga la renovación completa a J.M. Basterra, que asesorado por
técnicos ingleses y franceses, diseña el actual edificio que sigue el modelo de palacio
aglomerado y severo de raíz herreriana con dos alturas y cinco ejes de vanos rematado por
la linterna, donde se ubicaba la escalera. Además, la finca se provee de un entorno de
jardines, estanque japonés, yeguada, caballerizas, picadero, cocheras... que la hace
difícilmente igualable en la provincia. Un incendio en 1992 destruyó parte de su
contenido mueble, de gran valor, pero la rehabilitación está en marcha. |