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La comarca de
Lea-Artibai es una atracción para la vista
con su abanico de colorido y tonalidades:
azul del mar y los ríos; ocre de la arena;
negro y rojo de sus canteras de mármol;
verde del monte.
El nombre de
esta Comarca se lo proporcionan sus dos
ríos: Lea y Artibai, que nacen en el monte
Oiz. Y al final de los dos ríos... los dos
únicos puertos de la recortada costa:
Ondarroa en el Artibai;
Lekeitio en el Lea.
En el interior: Markina-Xemein y
Munitibar-Gerrikaitz de mayor extensión;
Amoroto, Aulesti, Berriatua,
Etxebarria, Gizabururaga,
Ispaster y Mendexa con sus
barrios rurales repartidos a lo largo de su
geografía.
El monte Oiz
es uno de los 7 montes bocineros desde los
cuales se llamaba a juntas de Gernika o se
avisaba de los peligros a los miembros del
Señorío. Cuentan las leyendas que el monte
Oiz es una de las casas de la dama de Mari,
la dama de Anboto, Señora de las fuerzas de
la naturaleza y que cada siete años se
traslada a este monte dependiendo del buen o
mal tiempo.
Es un deleite
poder ascender a la cima de los montes,
recorrer las tranquilas riberas de sus ríos,
adentrarse en el silencio de los bosques y
antiguos caminos, en la profundidad
de las milenarias cuevas como las Cuevas de
Lumentxa en Lekeitio.
Para conocer
el valle del río Lea podemos comenzar el
recorrido en su desembocadura donde se
encuentra la isla de San Nicolás o Garraitz
frente a las playas de Isuntza y Karraspio y
el puerto de Lekeitio en un hermoso entorno
natural y paisajístico. Destacan sus
estrechas calles empedradas, sus casas
marineras, palacios aristocráticos o la
magnífica iglesia de Santa María de estilo
gótico (s.XV).
Siguiendo el
cauce está Gizaburuaga. Allí en una zona
llamada Okamika, se halla la presa, ferrería
y molino de Bengolea y la antigua torre
banderiza. En las cercanías hay un arroyo
que surge de una cavidad llamada "Lamiaren
Koba" donde las leyendas cuentan que estaba
habitada por "Lamias". Seguimos hacia
Aulesti, donde existe un área de recreo
antes de llegar a la villa medieval de
Munitibar. Podemos ver la Ermita de San
Miguel y finalizamos el trayecto en el
llamado "balcón de Bizkaia" mirador con una
panorámica excepcional.
El recorrido
por la cuenca del río Artibai atraviesa
lugares cargados de historia como el Camino
de la Costa de Santiago que discurre en la
comarca de Lea-Artibai por Markina, Bolivar,
Zenarruza y Munitibar. Podemos comenzar el
trayecto por la Colegiata de Zenarruza.
Documentada a
partir del s.XI, su fundación parece
adentrarse al siglo anterior, cuando su
"constitución" institucionaliza una secular
relación de usos ganaderos en la zona de Oiz,
en torno al abad. Es curioso un escudo que
hace referencia a la leyenda según la cual
se cuenta que un día en el que el pueblo
asistía a misa para celebrar el día de la
Asunción, un águila tomó una calavera de la
ermita de Santa Lucía de Garai en Gerrikaitz
y la dejó caer en la loma de Zenarruza,
interpretándose como signo de que deseo de
que ahí se edificara la iglesia..
Desde aquí
nos dirigimos a la puebla de Bolivar (Markina-Xemein)
donde vivieron los antepasados de Simón
Bolivar donde se alza un museo que lleva su
nombre. Nos dirigimos ahora a Markina que
cuenta con ejemplos de arquitectura que
merece la pena visitar: torres, palacios,
iglesia de Sta Maria de Xemein (s.XVI), y la
famosa ermita de San Miguel de Arretxinaga (s.XVIII);
Ermita de Santa Mañe (Santa Marina) cuyos
muros encierran un esqueleto portante de
postes de roble que sirve de apoyo a la
bóveda.
Saliendo de
Markina-Xemein en dirección a Ondarroa, se
encuentran los restos del Balneario de
Urberuaga. Sus aguas fueron descubiertas
como termales en 1802, pero actualmente sólo
se dedican al embotellado de agua. Pasamos
por Berriatua, donde se alza la casa-torre
Arancibia, legado de esta familia cuyo poder
se extendió a la villa de Ondarroa y al
patronazgo de varias iglesias del entorno y
llegamos a Ondarroa, donde se encuentra la
casa-torre de Likona, casa natal de la madre
de San Ignacio de Loyola.
En un
principio las anteiglesias surgían
vinculadas a valles, comunidades
administrativas con terrenos comunales de
explotación agrícola y uso de recursos
hidráulicos para la instalación de
ferrerías. Los jauntxos, jefes de estas
comunidades, como los Barroeta, Ugarte,
Arancibia o Zubieta, con torres propias,
comenzarán una lucha por ampliar sus
dominios que se alargará durante toda la
Edad Media.
La fundación
de villas tenía una función pacificadora y
de aseguramiento de rutas comerciales desde
los puertos pesqueros hacia el interior:
Lekeitio (1325), Ondarroa (1327), Markina
(1355), Gerrikaitz (1366). Zona apartada de
las principales rutas comerciales (Durango,
Balmaseda a la ría de Bilbao o Bermeo). Más
tarde la pacificación general de la
Península con los Reyes Católicos también se
impone en el Señorío de Bizkaia y las villas
encabezarán un despegar económico que
atraerán hacia ellas a la nobleza rural. Las
torres urbanas constituirán el primer
eslabón hacia el palacio. Tres buenos
ejemplos: Ibarra en Markina, Turpin en
Lekeitio y Likona en Ondarroa.
La comarca de
Lea-Artibai cuenta también con un importante
repertorio de vivienda rural: el caserío,
muy disperso y con magníficos ejemplares
entre los s.XVI y XVIII, desde Markina a
Ispaster.
Además de la
riqueza arquitectónica, se puede disfrutar
de las posibilidades que la costa ofrece con
la práctica de un sinfín de actividades al
aire libre: pesca, submarinismo, remo, surf.
Los frutos
del mar y de la huerta, con la sidra y el
txakolí que alegran nuestros días pueden ser
degustados en las numerosas fiestas y ferias
que se celebran en la comarca de Lea-Artibai.
Una de las más conocidas y populares es la
fiesta de San Antolín y Gansos de Lekeitio,
se celebra entre el 2-5 septiembre. Ese día
un ganso ya muerto es atado en el centro de
una larga cuerda en el puerto. Los
participantes pasan debajo de ésta en una
embarcación y uno de ellos sujeta el cuello
del ganso bajo su brazo, mientras la cuerda
es tensada y aflojada desde la orilla
elevando y dejando caer a la altura del agua
al ganso y al participante. Es importante
resistir el mayor número de alzadas posibles
antes de caer al agua o conseguir romper el
cuello del ganso.
La cultura
del campo y de la mar, cultura del trabajo
es transformado hoy en motivo de fiesta o en
deporte de larga tradición: traineras,
pelota, cesta punta, levantamiento y
arrastre de piedra o carros, tala de
troncos, etc. Markina es un pueblo de
tradición de pelotaris de cesta punta,
incluso a su frontón se le conoce
popularmente como " la universidad de la
pelota ".
Las romerías
sirven además de lugar de encuentro de la
gente, como excusa para celebrar comidas
populares, un ejemplo lo tenemos el día 10
de julio, San Cristóbal, se asciende a la
ermita del monte Oiz para solicitar la
curación del mal de oídos. |