  Más allá del
pintoresquismo de sus casas y paisaje, estos barrios representan el arquetipo del modelo
de poblamiento rural que ha cristalizado históricamente en las laderas del macizo del
Gorbea. Son conjuntos que evitan la dispersión, apiñados en torno a sus ermitas de San
Pedro o Santa María y San Lorenzo, buscando las terrazas altas de una ladera orientada a
Poniente. Conviven en ellos antiguos edificios unifamiliares de estructura exenta de
madera, alzados a principios del siglo XVI, como Munuko Goikoa y Etxebarreko, con otros,
dos y tres siglos más tardíos, fabricados con muros de carga y proyectados para dos
unidades familiares de labradores arrendatarios, como Basterreko y Sarreneko.
En el barrio de Zaloa hay que visitar la
ermita de Santa María, planta simple aún románica de concepto, mientras que se cubre
con bóveda de canón de madera. Arquitectura popular de bello resultado, en su interior,
también con el coro de madera, así como en su exterior, pórtico adelantado a toda la
altura, con cubierta unificada, y postes también de madera, imagen rudimentaria aún de
las posteriores ermitas humilladero clasicistas en piedra, como Dima o Zeberio. |