| SIETE SIGLOS DESPUÉS Hace siete siglos, el 17 de junio de 1284, Orduña entraba a formar parte de Bizkaia. Vasto período de tiempo e historia de Orduña y del pueblo vasco que contempla una evolución creciente de los poderes de la Corte castellana, primero los Austrias, luego los Borbones, Repúblicas y Dictaduras españolas que imponen sus criterios por la fuerza y, finalmente, liquidan todo resto de autogobierno vasco en las guerras carlistas de 1839 y 1876. En todo este largo tramo, Orduña ha sido una ciudad con cierta relevancia, frontera y nudo de comunicaciones, avanzadilla de Bizkaia al pie de la Meseta y paso obligado por el comercio y el viajero castellanos, tras superar el Ebro, frontera natural de Euskal Herria. Únicamente en los últimos tiempos, léase durante el presente siglo, Orduña, entre en una manifiesta decadencia y, toda aquella agricultura y viticultura pujante de otro tiempo, su industria artesanal, que hasta la última guerra civil dio vida a una población cabeza de comarca, pasaron a mejor vida, para dar entrada a una industrialización siderúrgica y del mueble, parte de la cual conoce tiempos de franca depresión, con uno de los índices más elevados de paro de Bizkaia. Por otro lado, la vieja ciudad va evolucionando en el sentido de convertirse en una población-dormitorio cuyos habitantes de modo creciente tienen que viajar diariamente a sus puestos de trabajo de "El Bollo" con motivo de este séptimo centenario, creemos que puede considerase una disculpa para mostrar la realidad y el ambiente de otra época. No es que "El Bollo" resultase un prodigio de información -antes bien se ocupaba de sacar a la luz chascarrillos y murmuraciones de calleja, historias amorosas, reales o inventadas, de sargentos chusqueros del ejército acantonado en el edificio de la antigua aduana, en la plaza, con modistillas del pueblo. Sin embargo, hay un hecho claro: en un pueblo que en 1910 tenía una población de 3.226 habitantes, sale cuatro años después una revistilla de carácter local que, según los antiguos, circulaba por todas las manos del pueblo. Hay que reconocer el mérito de aquellos reporteros del ambiente callejero de la Orduña de principios de siglo hasta 1936. ORDUÑA A 700 AÑOS DE SU CONFIRMACIÓN DE SU VIZCAÍNA (1284-1984) La entonces villa de Orduña no podía andar de mano en mano, según el azar de los tiempos. Fue éste el momento de tomar la decisión definitiva, en evitación de los grandes males que esta villa padecía con el cambio constante de dueño. Orduña pasó definitivamente a ser parte de Vizcaya como un mayorazgo del Señorío, el 17 de junio de 1284. Esto sucedía en los tiempos del señor de Vizcaya don Lope Díaz de Haro IV. Hallándose el citado señor en Vitoria, confirmó la carta-puebla de su abuelo "Cabeza Brava", dirigida a la villa de Orduña, por cuyo documento quedó incorporada al Señorío de Vizcaya. El documento de confirmación dice así: "Sepan cuantos todos este privilegio vieren et oyeren, como yo Lope Díaz de Haro, hijo primero de don Diego et de doña Constanza, et Señor de Vizcaya... do a Orduña por mayorazgo de Vizcaya para siempre jamás, que nunca se aparte una de la otra en ningún tiempo, et que ninguno la pueda heredar sino quien fuere Señor de Vizcaya... Vitoria a 17 días del mes de junio de 1284". Por ello, como agradecimiento al gesto de su señor, la entonces villa de Orduña incorporó a su escudo la leyenda "ETIAM SI OPORTUERIT ME MORI TECUM NON TE NEGABO", que significa: "Aunque por ti muera nunca te negaré". Ello se refiere a la vizcainía que le fue concedida, y de la que la villa de Orduña estaba agradecida, motivo por el cual juró que moriría por el Señorío que la adoptó. José Lambarri Ugarte EL CAMINO DEL SEÑORÍO (BILBAO-PANCORBO) Introducción La historia de los caminos es la
historia de los hombres. Calzadas romanas, caminos de herraduras, carreteras vecinales
como son rastros y reflejos de la vida del hombre. Caminos que han protagonizado intrigas,
victorias, derrotas. Caminos que han sido testigos mudos de robos, desfallecimientos, de
visiones. Caminos que han creado riqueza y prosperidad. Caminos que nacieron senderos y
"en su madurez" se vistieron de cascajo primero y después de asfalto siguiendo
las necesidades de los tiempos. Hoy los vemos carreteras y los transitamos tal vez sin
amor, porque ignoramos su historia, tejida en el quehacer de las gentes y en la trama de
sus vidas.Hoy quería evocar en estas páginas el camino de Bilbao a Pancorbo, esa ruta, esa calzada sinuosa que cruza el valle de Govía discurriendo tímida entre los chopos y meandros del río Omecillo y para la que hubo que afrontar tantas y tan arduas dificultades de todo género. Sólo en el último cuarto del siglo XVII se llevó a feliz conclusión. En los viejos papeles viene denominado "Camino Real de Señorío" o "Carretera del Señorío" ya que fue el Señorío de Vizcaya el que la construyó velando también por su conservación hasta tiempos todavía recientes. Primeras tentativas (año 1953) La vía de Orduña-Pancorbo (Bilbao-Burgos) debió tener una cierta tradición y solera entre los mulateros, no en vano en su trayecto nos encontramos con aduanas (Puentelarrá, Orduña) y con una serie de poblaciones con crecido número de judíos. En plena época imperial los vizcaínos dispuestos a incrementar sus intereses comerciales con la Meseta solicitaron del emperador Carlos V, permiso real para la apertura del camino de Orduña, siguiendo el antiguo itinerario. En 1553 comenzaron, con la autorización real, los trabajos del "rompimiento de la peña de Orduña", pero ante las interferencias de las provincias de Álava, Guipúzcoa y Navarra tuvieron que ser interrumpidas. La primera con las armas deshacía de noche cuanto se trabajaba de día, por lo que el Señorío tuvo que echar mano de gente armada para lograr impedirlo. Las otras dos, promoviendo pleitos. Para que no degenerase la cosa, el emperador Carlos V impuso la suspensión de las obras iniciadas con tanto afán por el Señorío. Carlos V debió ser mal juzgado por esta medida, optando por la tranquilidad pública y el bienestar de las regiones menos favorecidas, por lo que el provecho del Señorío, esperando, tal vez, que "el tiempo dulcificará asperezas y ofreciese coyuntura más propicia". Diversos intentos del Señorío en los años 1574, 1681 y 1685 ante las autoridades reales solicitando el permiso para conseguir la apertura de dicho camino obtuvieron resultados negativos debidos siempre a rivalidades e intereses contrapuestos de las provincias vecinas. El camino de la Meseta (1764) El 19 de julio de 1764 fue comunicada al Señorío, por el marqués de Esquilache, ministro de Hacienda de Carlos III, la orden real en la que se concedía el permiso para la construcción del camino a la Meseta por la ruta de Orduña, documento firmado en la Granja de San Ildefonso. Habían pasado 211 años del primer intento inútil del rompimiento de la peña. Finalmente, iba a ser realidad esta fundamental vía de comunicación. La historia hacía justicia a Vizcaya. Las circunstancias habían cambiado completamente por haber penetrado en la sociedad una mentalidad nueva. Los ministros de Fernando VI y Carlos III habían lanzado planes de caminos y carreteras y no podían traicionar sus proyectos por complacer a los intereses particulares de las provincias de Guipúzcoa y Álava nuclear. Había prevalecido, pues, el criterio de la "línea recta, pase o no pase por lugares". El 4 de diciembre de 1765
dieron comienzo las obras. La dirección técnica de la construcción del camino a la
Meseta corrió a cargo de don J. S. Calderón, quien aprovechó al máximo los viejos
caminos. La realización práctica fue llevada a cabo por el ingeniero Marcos de Biena y
por medio de asentistas o suministradores de víveres y otros efectos, previa
contratación. La distancia de Bilbao a Pancorbo era de 269.876 pies, es decir 75
kilómetros, y su amplitud de 24 pies útiles de anchura (6,6 metros). En 1767 estaba
vencida la peña de Orduña, "cosa que siempre se consideró insuperable", dice
satisfecho un comentarista bilbaíno aquellos días. Por fin, el 28 de enero de 1774
certifica el "maestro arquitecto", Gabriel de Capelástegui, que toda carretera
se halla en condiciones de tránsito. La gran obra había concluido: "No cede a otro
alguno camino en la bondad, forteza y hermosura de su construcción", dirán nuestros
antepasados con orgullo. Tenía 30 pies de anchura en la mayor parte del recorrido,
siendo, pues, más ancho que el de Reinosa, que por lo general tenía cuatro toesas, o
sea, 24 pies aproximadamente. Años después, en la buena época de Floridablanca, se
construyó el tramo nuevo de Vitoria-Burgos, hecho en un tiempo récord de dos años. Como
el camino de Burgos-Vitoria era hasta Pancorbo es el mismo de Bilbao, al unirse allí las
dos nuevas carreteras, las mejores de su tiempo, adquiría Bilbao una comunicación
ventajosa con la Meseta y con otros puertos de Cantábrico que harán de Bilbao un centro
clave de actividades e intereses financieros y comerciales.Financiación La carretera de Orduña fue realizada por el esfuerzo conjunto de las tres comunidades más representativas de Vizcaya: Señorío, Villa y Consulado. Es la obra más importante realizada en el siglo XVIII por una pequeña comunidad y totalmente financiada por ella. Esta vía, abierta a Castilla desde Bilbao, fue presupuestada por el P. Pontones en 210.000 pesos, es decir, en 3.150.000 reales. La estimación quedó corta. En los ocho años que se tardó en construir esta carretera se gastaron 7.560.000 reales en lugar de los 3.150.000 presupuestados. Es decir, que se invirtieron anualmente un promedio de 60.000 pesos, y se construían 10 kilómetros aproximadamente de carretera cada año, por lo que puede decirse que el costo medio por kilómetros fue de 6.000 pesos. Como el interés anual se elevaba a 159.000 reales, para cubrirlo era preciso un tráfico de 20.000 galeras o 40.000 carros por año. Es difícil admitir, teniendo presentes las condiciones meteorológicas de la región, que un promedio de cien carruajes pudiera transitar diariamente, en una u otra dirección. Consecuencias económicas y sociales No cabe duda que esta arteria fue un trampolín de la rápida y vistosa expansión que ha tenido Bilbao y provincia y que todos conocemos. Apenas han pasado algunos años de la construcción, ya se multiplican en la capital del Señorío las lonjas, almacenes, muelles y andenes portuarios, edificaciones, etc. Es un hecho comprobado que 180 años después de la construcción del camino, pasó de ser una de las provincias de densidad intermedia en el conjunto peninsular, a la más densamente poblada. De manera que desde el punto de vista demográfico, la población de Bilbao se incrementó de 8.000 habitantes en 1760, a 9.000 en 1770, 10.000 en 1780, más de 11.000 en 1790 con una afluencia continua de emigrantes. Podemos decir, que esta obra de infraestructura, sentó las bases del futuro crecimiento y desarrollo de Bilbao, primero como puerto cantábrico, principal después como potencia mercantil y en tiempos más recientes, como núcleo industrial y bancario. Por otra parte, la carretera de Pancorbo puso en contacto la realidad cultural de Bilbao (conglomerado de cultura popular vasca, hispana y europea) con la cultura castellana. SATURNINO RZ. DE LOIZAGA VIAJEROS POR ORDUÑA Este artículo se propone ofrecer una semblanza de las impresiones y datos que sobre Orduña realizaron algunos viajeros famosos, así como recoger la presencia de algunos extranjeros, sin celebridad alguna, pero que tuvieron la fortuna de gozar la hospitalidad de los orduñeses de antaño. Richard Ford Encabezamos nuestro trabajo con la figura de Richard Ford, por tratarse del autor de uno de los libros de viajes más sabroso e interesante sobre la península Ibérica. Se trata de su famoso "Manual para viajeros por España y lectores en casa" escrito hecho en la línea historicista y sentimental de otros viajeros románticos. Ford, un londinense culto (se educó en el Trinity College de Oxford) nacido en 1796, viajó por todo el continente europeo llegando a España en 1831, en donde se estableció durante un período de cuatro años con motivo de la enfermedad de su mujer. Estableció su residencia alternativamente entre Sevilla y la Alhambra interrumpida por largos viajes a través de toda la península. Precisamente con ocasión de uno de esos viajes alcanzó el País Vasco y llegó a pasar por Orduña. Es preciso advertir que pese a realizar el autor frecuentes referencias a hechos ocurridos al final de la guerra carlista y con posterioridad a la misma, su presencia en tierras vascas no pudo ser posterior a 1835, año en que regresó a Inglaterra, y no se tiene constancia de algún otro viaje hecho con posterioridad por la península. La obra está dividida en un gran número de pequeños capítulos o rutas que alternan con descripciones generales de todo un territorio. De Orduña habla en las rutas CXX y CXXI. La primera mención a Orduña está en razón de adelantar lo que va a ser el recorrido de la ruta siguiente, la CXXI, contrapuesta a la anterior que pasa por Altube y de la que ha dicho en el capítulo CXIX que no era apta para las ruedas y que hoy, por caprichos del destino, está atravesada por una importante autopista. Aquí se limita a decir que existe otra carretera hasta Bilbao que partiendo de Miranda cruza el valle de Orduña "que parece suizo". El calificativo de suizo atribuido al valle de Orduña, está justificado por ser éste una amena vega, muy fértil y que entonces como hoy estaba recorrido por praderas destinadas al ganado, rodeado por un anfiteatro de montañas lo suficientemente agreste como para recordar una imagen del macizo helvético. Pero cuando Ford habla extensamente de Orduña es en el capítulo siguiente que está dedicado casi en su totalidad a la ciudad vizcaína. Después de mencionar a Berberana, su castillo y su posada, el autor se fija en el camino que le introduce en la comarca, una obra de ingeniería construida unos 60 años antes de la llegada del ilustre viajero. Fue el resultado de la fiebre constructora y comercial desatada en el siglo XVIII que supuso una auténtica edad dorada para Orduña, durante la cual, además del camino a la Meseta, se levantaron el amplio edificio de la aduana, la fuente de la plaza, el actual santuario de La Antigua y varios palacetes, así como se reconstruyó la reforma del edificio del Ayuntamiento. Hoy, como ayer, lo empinado y abrupto de los distintos tramos del camino que supera la fragosa peña, hacen que se aprecie desde los mismos una magnífica vista del valle y de la caída en picado de las peñas, "el panorama tiene nobleza" palabras del autor con las que queda expresado toda la grandeza del paisaje. Cifra la importancia estratégica de Orduña en su proximidad a Amurrio, lugar de cruce de cuatro caminos: el que conduce a Bilbao siguiendo el curso del Nervión, otro que llega a Valmaseda a través de la villa de Arceniega, un tercero que traslada al viajero a Vitoria tras el paso por Altube y el último, quizás el más importante, que comunica a Álava con la meseta después de atravesar Orduña. De las obras de fortificación realizadas por Espartero en Amurrio, de las que nos informa el autor, hablaré más tarde en relación con otro viajero británico: John Moore. Tras Amurrio, el autor centra su atención definitivamente en Orduña y lo primero que nos sorprende es que califique a ésta como "una de las últimas ciudades de Castilla la Vieja", desconociendo por completo que desde el siglo XV ha estado unida de forma permanente a Vizcaya, salvo breves excepciones en la primera mitad del siglo XIX. En esto Ford revela falta de rigor, pero se le puede excusar, ya que su obra no pretende ser un manual de historia y que es fácil que en un trabajo tan extenso se le pasen ciertas equivocaciones; por otra parte, el propio aspecto de la ciudad inducía a equivocaciones pues guarda más semejanza con las ciudades castellanas que con las aldeas de Vizcaya. En lo que sí acierta Ford es en situar a Orduña "sobre una bella llanura que corre hasta Bilbao", pues desde la primera hasta la actual capital vizcaína no hay altura importante y el relieve terrestre desciende suavemente hasta el mar. La población la cifra en 3.400 personas. Carmelo Echegaray más de medio siglo después, en su geografía general del País Vasco-Navarro, atribuiría a esta ciudad una población de 3.139 almas para el año 1860. Hay una cierta contradicción de datos pues la primera guerra carlista y sus lacras posteriores no explican por sí solo esta reducción demográfica, prolongada hasta 20 años después de acabado el conflicto a lo largo de un período de recuperación económica como fue la época isabelina. Quizá la explicación a esta importante pérdida demográfica se deba a la mortífera expansión de la enfermedad del cólera que azotó a gran parte de Europa a mediados del siglo XIX. En efecto, el cólera mordió durante el año 1855 causó 119 muertos en nuestra ciudad. La composición social de la población estaba constituida por el sector primario: agricultura y ganadería, aunque Ford sólo menciona el primer tipo de actividad. Las rencillas entre ambos grupos sociales fueron frecuentes por razón de la utilización del suelo. Pasa a hacer una breve descripción de la ciudad y la impresión es positiva: "buena plaza y hermosa fuente". Además de apreciar bien claramente la estructura urbanística de la misma cuando dice que las principales calles comunican con las plazas. Entonces todavía conservaba sus antiguas murallas y torres y, por supuesto, mantenía las típicas arcadas o astiales en torno a la plaza. El clima lo consideran húmedo, mucho más que el propio de la meseta de la que descendía: frío y seco. Lo que no es óbice para que los productos alimenticios de Orduña sean muy apreciados por él: "Frutas excelentes y truchas estupendas". Hoy sólo las primeras podrían estar presentes en las mesas de los comensales orduñeses pues las truchas han desaparecido posiblemente a causa del aumento de la salinidad de sus aguas. Constata el hecho histórico sostenido por toda la historiografía tradicional que la antigua Orduña estaba construida más cerca de su famosa montaña. No dice expresamente en qué lugar exacto pero se deduce implícitamente que se refiere al santuario de La Antigua pues a él se han referido como antiguo emplazamiento autores como Iturriza y el padre Uriarte además de ser un lugar más próximo a la peña en correspondencia con lo dicho por Ford. Este consultaría la obra del primero para exponer esta referencia histórica pues no tendría tiempo de hacer una investigación en los archivos por su cuenta. Al hablar de la peña se remonta a una época aún más antigua y considera a ésta, nada menos que la barrera o frontera montañosa de los refugiados iberos, en la línea de la teoría vasco-iberista de Humboldt. Su instinto romántico de contemplar la naturaleza en su esplendor le hace construir la fantasía de una peña cubierta de nieve durante la mayor parte del año. Su visión de la ciudad es siempre muy positiva, pues la llega a comparar en prosperidad con las regiones inglesas y esto no como resultado de un exagerado optimismo, pues en contraste no ahorra crítica alguna a los distritos castellanos, a los que califica de solitarios, desolados y empobrecidos. Termina su comentario haciendo referencia a la expedición del general carlista Gómez emprendida desde Orduña en junio de 1836. Primera guerra carlista Augusto Von Goeben y Félix Lychnowsky. Son los siguientes personajes objeto de nuestro estudio. Ambos prusianos, el primero de origen y nacimiento, el segundo sólo a efectos políticos ya que Lychnowsky es apellido polaco y la Silesia, región de la que procedía, estaba bajo dominio prusiano. La razón de mencionarlos conjuntamente es que sólo sabemos de la presencia del primero en Orduña a través del testimonio del segundo, amén de haber sido ambos combatientes en el campo carlista durante la guerra de 1833-1839. Lychnowsky se refiere al oficial Von Goeben al hilo de sus comentarios sobre el establecimiento del pretendiente Carlos en Amurrio. Dice de él que era oficial del 24 Regimiento de Infantería prusiana que acababa de ser rescatado como prisionero y estaba en Orduña con su batallón. De esto se podía deducir que el comentario dedicado a Orduña en sus memorias iba a ser muy extenso, pero no es así. Las citas son escasas y breves. La primera cita es a propósito de una batalla que tuvo lugar el 6 de marzo de 1836 sin añadir ningún dato especial. Tras participar en la desafortunada expedición real, Von Goeben atraviesa la peña de Orduña al mando de un convoy de 200 heridos el día 7 de octubre de 1837, pero curiosamente en ningún momento de sus memorias declara haber permanecido en la ciudad, lo que obsta para que nos proporcione el dato bien asombroso de que Orduña es capital de la provincia de Vizcaya, excluyendo a Bilbao expresamente de tal condición sin más motivo aparente que ser la que ostenta la primera el título de ciudad, mientras la segunda sólo es villa. La afirmación además la sostiene en dos ocasiones, la primera en relación con la descripción de la toma de la ciudad el 22-5-1839 por Espartero, la segunda en forma de nota a pie de página también con ocasión del mismo hecho. Precisamente durante su primera afirmación considera a los picos de la peña como parte de la cordillera Pirenaica conforme a una denominación tradicional testimoniada en numerosos documentos. Igualmente, califica al puerto de Orduña com famoso, lo que prueba la importancia que este paso tenía en aquella época. Es también interesante resaltar cómo las obras de fortificación de la ciudad de las que también nos habla Ford, debieron de ser importantes no sólo por los datos económicos que poseemos del costo de las mismas, sino también por el hecho de que Von Goeben nos hable de Orduña como de la plaza de armas de Espartero. Otra prueba de la importancia militar de la comarca es que, según el autor, lo escarpado del paso de la peña permitía su defensa a cargo de 100 hombres tan sólo, lo que justamente no hicieron los carlistas que desguarnecieron el mismo y permitieron así la conquista de Orduña sin esfuerzo alguno por Espartero. John Moore Es como los dos anteriores, testigo de esta primera guerra carlista, pero lo hace desde el bando liberal aunque no participó en los combates, pues no consta que fuera miembro de la legión británica. Es muy frecuente que utilice la primera persona plural para referirse a los combatientes liberales: "Nos llevó", "permanecimos", "salimos", etc. Del extracto de su obra publicado en "Viajeros ingleses del siglo XIX" hemos encontrado cuatro menciones a Orduña. En la primera habla de los trabajos de fortificación realizados por Espartero una vez ocupada la misma. Inmediatamente después de dar su impresión sobre la villa de Amurrio, señala que en ésta el número de fugitivos fue menor que en la ciudad vizcaína, un dato harto elocuente que refleja las convicciones carlistas de los orduñeses. Ya más adelante en su crónica, retoma el tema de las fortificaciones y señala que no sólo la ciudad quedó completamente amurallada sino que, además, se reforzaron varios fuertes entre ellos uno situado en la peña de Orduña. Para estos fines fueron aprovechados los restos de la ermita de San Lázaro. Finalmente, al trazar la ruta del Duque de la Victoria (Espartero) dice que para volver a Vitoria no lo hizo por Orduña y Miranda sino a través de Lezama un paso frondoso y rocoso expuesto a los ataques guerrilleros. Siglo XVIII. Joseph Baretti Se trata de un italiano trasplantado a Inglaterra que escribe su obra en el idioma de este país. E título del libro del que extraemos una breve alusión a Orduña es "A Journey from London to Genoa through England, Portugal, Spain an France" que se basa en una obra del mismo autor escrita en italiano "Lettere familiari" del año 1762. Si Ford es un tanto idealizador, Baretti destaca por su espíritu utilitario y por lo tanto inconformista ante las dificultades y desventajas de un viaje a lomos de mula sobre "pendientes uniformemente oblicuas", como literalmente dice refiriéndose al trayecto desde Osma a Berberana. Su viaje se puede dividir en tres fases, la que va de Ameyugo y Espejo hasta Osma en la que el paisaje es agradable; la segunda, es la que va entre Osma y Berberana y la tercera, que transcurre entre esta última localidad hasta la Venta de la Peña, es la que más le debió atormentar pues considera que los peligros y dificultades que caracterizaban el trayecto anterior desaparecían al compararlos con los de esta última. Cuando alcanza la cumbre de la peña se encuentra con un albergue denominado Venta de la Peña que se yergue aislado en la misma de la que no aporta datos sobre su emplazamiento exacto, por lo que ésta se convierte en una incógnita ya que no puede confundirse con la Venta de Arbin situada al comienzo del puerto. A la peña la considera el punto que separa Castilla la Vieja de Vizcaya por los que para éste no ofrece ninguna duda, al contrario que Ford, la vizcaína de Orduña. Otros viajeros Por razones comerciales, de trabajo, de peregrinación y hasta por motivos políticos, la ciudad con una situación estratégica envidiable ha sido lugar de paso de gran número de viajeros, la inmensa mayoría de ellos desconocidos para nosotros. Pero de algunos de ellos que llegaron a mantener una cierta estancia en la ciudad, tenemos noticias a través de la documentación municipal. Son todos ellos personas que visitaron Orduña a finales del siglo XVIII. El registro de sus nombres se debe a lo ordenado en la cédula de 20-7-1791 que mandaba que los justicias hagan matrícula de los residentes extranjeros. Los podemos encuadrar en los siguientes grupos: Los hubo, que vinieron a Orduña a aprender el idioma castellano; es el caso de los británicos Guillermo Lekic, londinense y Santiago Whitingham, de la ciudad de Bristol; y de los franceses Eusebio Michel, Theodoro Mazurie y Marcelino Francini, de Orleans, Brest y Burdeos respectivamente. Es interesante observar cómo los lugares de procedencia de estas personas, se corresponden con aquellas ciudades con las que el Señorío de Vizcaya y especialmente Bilbao, mantiene más estrechas relaciones comerciales. Londres y Bristol son los dos puertos británicos que más hierro y lana importaron procedente de Bilbao durante el siglo XVIII y Burdeos era el principal puerto importador de hierro vizcaíno. Tenemos también la constancia de la existencia de dos caldereros franceses, y de una costurera vasca de San Pedro de Ibarren (obispado de Bayona). Finalizaremos nuestra exposición con la presencia de diversos clérigos franceses desde 1792. La asamblea constituyente francesa dicta diversos decretos anticlericales que obligan a la emigración a un número crecido de religiosos, de los cuales alrededor de 1.000 se refugian en Señorío de Vizcaya. Luis Sierra (S.I.) nos dice que en Orduña se refugian diez, de los cuales ocho son sacerdotes, de la diócesis de Saintes, cuyos nombres conocemos. Por nuestra parte sabemos de la existencia de cinco presbíteros naturales del Bearn que residen en nuestra ciudad desde octubre de 1792, tres sacerdotes de la provincia de Limousin, un franciscano de Saintes y otro franciscano del Bearn. EL MONUMENTO DEL TXARLAZO ![]() Texto tomado de la revista
"Hojas Selectas" (con fecha de 1904)El 16 de octubre de 1903 se inauguró sobre el alto de la peña de Orduña un monumento conmemorativo de la proclamación del dogma de la Inmaculada. Hallase la peña cerca de la ciudad de Orduña (Vizcaya), en la meseta llamada "Del Charlazo", a una altura de 1.100 metros sobre el nivel del mar. Constituye el monumento un árbol simbólico de 25 metros de elevación, sobre cuya copa, aparece esculpida una imagen de la virgen, reproducción de la que se venera en el santuario del mismo nombre. En el interior del tronco del árbol hay una escalera de dos metros y medio de ancho, que da acceso a una espaciosa sala abierta en el hueco de la copa, cuyo diámetro es de diez metros; esta amplia escalera se prolonga hasta los mismos pies de la imagen, donde se abre una rotonda con un balcón capaz para 30 personas, desde el cual abarca la vista un magnífico panorama en el que quedan comprendidos 42 pueblos de cinco provincias, con la Cruz del Gorbea frente por frente del espectador. La sala del interior de la copa recibe la luz por seis ventanales. En ella se instalará una capilla para el culto, y la imagen que corona el monumento estará iluminado por una potente luz de arco voltaico y de 12 focos eléctricos, formando la corona de estrellas. Ha sido proyectado el gigantesco árbol por el arquitecto barcelonés don Claudio Durán y Ventosa. Las obras son de cemento armado, construida por la casa Claudio Durán, S. en C., de Barcelona, que ha empleado en ella 14 obreros catalanes, con el auxilio de peones del país. Se han consumido en la construcción del monumento unas diez toneladas de hierro y 50 de cemento protland, procedente de Bélgica, y gran cantidad de cal hidráulica de Zumaya. El coste total asciende a 150.000 pesetas, reunidas por suscripción popular que iniciaron hace pocos meses los ex alumnos del colegio de Padres Jesuitas de Orduña. RESTAURACIÓN DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE ORDUÑA LA ANTIGUA Don José de Larrea Echániz, escultor; don Isidro Cuco, decorador, y don Daniel de Lecanda Goicoechea, promotor de la restauración de la imagen de Nuestra Señora de Orduña la Antigua, queremos hacer constar cómo se verificó la restauración a partir del mes de mayo de 1956. Nuestra primera medida fue desmontar cuidadosamente los grandes brazos postizos articulados, de un travesaño que pasaba de hombro a hombro y para retirar el cual hubo que arrancar dos clavijas de madera bajo la región clavicular que, perforando la imagen, sujetaba el travesaño. A continuación, se desmontó el tarugo que había colocado sobre la cabeza, para colocar coronas metálicas, quedando la cabeza hueca tal como fue tallada en principio. Se sacaron, asimismo, con todo cuidado, dos grandes clavos toscos de sección cuadrada que había metidos para fijar dicho tarugo y que estaban clavados por el interior de la propia cabeza de la imagen, expuesta a haber sido perforada. Limpia de todo postizo, se trató el interior de la imagen con una serie de sustancias conservadoras para destruir la polilla que anidaba en la corteza del tronco del árbol, pues el corazón de la talla estaba sano. Antes de poner mano a la restauración, se analizaron detenidamente los detalles más mínimos de la primera talla, estudiando una a una las mejores piezas de la época que existían en España de principio del siglo XIV. La cabeza conservaba un trozo de arco de la primitiva corona que ayudó mucho a reconstruirla. Limpiando suavemente los restos del cabello, del velo, que aún conservaba y que cubrió la cabeza, se definieron perfectamente uno y otro, observándose que el cabello era dorado y el velo crema claro, ambos, cabello y velo, habían sido rotos para acoplar la peluca y los habían embadurnado todos con pintura oscura que se desprendía fácilmente. Lo mismo nos ocurrió con la cara, pues las primitivas cejas situadas perfectamente sobre los arcos frontales, se veían sin esfuerzo bajo las toscas y mal pintadas en época anterior. Fue entonces cuando los ojos de cristal colocados sin duda en el siglo XVII y sujetados con cera, se vio que estaban salidos de las órbitas y como no teníamos autorización para restaurarlos con otros de madera, como habían sido los primitivos, nos limitamos a colocarlos cuidadosamente en su sitio, con lo que el rostro de la imagen adquirió una singular belleza. El arreglo de los hombros rotos por el travesaño de los brazos articulados fue sencillo, así como los bordes del manto, pues bastaba seguir la línea y planos de los primeros y razonados pliegues y completarlos, ya que se trataba de pequeños rotos producidos por el golpe de hacha, al desgajar la cabeza y tronco del Niño y la mano de la Virgen. Como la mano izquierda estaba intacta pero desconchada, fuimos limpiándola suavemente hasta que apareció el primitivo apresto con lo cual se consiguió descubrir la delicada mano izquierda en su primitivo valor. Con ello fue claro el estudio de la mano derecha, que, por otra parte, sabíamos que sostenía una manzana, según el inventario del siglo XVII. El Niño se conserva de cintura para abajo en bastante buen estado, pudiéndose estudiar bien la postura del tronco, pues, por otra parte, al ser despojado del pecho de la Virgen dejó marcado el sitio, forma y postura de la espalda del Niño. Como el pie derecho está firme en la rodilla de la Madre y la pierna y rodilla derechas se alzan como haciendo fuerte presión y en cambio la piernecita izquierda quedaba como colgada, se deduce lógicamente la postura del Niño, que tiende a incorporarse y volver al pecho y cabeza hacia delante; postura muy de los Niños en tallas de su época. Para colocar el trozo de manto que le faltaba, bastó seguir hacia arriba los pliegues existentes, lo cual compuso sin esfuerzo el volumen y actitud del Niño, y para complemento se estudiaron los más análogos y artísticos de su tiempo. El estofado no hubo necesidad de tocarlo, pues se conservaba perfecto en casi la totalidad de la imagen, mostrando la buena calidad del oro. Para darle mayor gracia, se talló un plinto supletorio y a la imagen se le colocó una tabla en la parte posterior para cerrar el hueco y dejarla mejor presentada. La cabeza se cerró en su parte superior con una superficie plana conservando en su parte posterior el trozo de arco de la corona primitiva. Se talló una pequeña corona de madera, para poder quitar y poner, similar a la que seguramente tuvo, y se embutieron unas piezas de bronce para sujetar las grandes coronas de metal sin que con el uso puedan perder la sujeción de la imagen. Al comenzar las restauraciones y durante ella, dieron su opinión varios miembros de las Juntas de Monumentos y Cultura de Vizcaya, señores don Manuel Smith, don Gregorio de Ibarra, don Fernando Echegaray, don Javier de Ibarra, don Juan de Irigoyen, así como el notable escultor y restaurador catalán C. Federico Mares, creador del museo de su nombre, y profesor don Juan Subia, la mayoría de ellos académicos de la Real de San Fernando, quienes nos ayudaron, animaron y se expresaron en términos sumamente elogiosos por lo cual queremos hacer constar aquí nuestra gratitud. Y para terminar, queremos consignar el pláceme del reverendo señor obispo de Vitoria, don Fernando Peralta, y la reiterada felicitación de S. E. Rvdmo. monseñor Ildebrando Antoniuti, nuncio de Su Santidad Pío XII en España, que nos honró aceptando nuestra invitación para que por sus manos fuese repuesta la Virgen en su camerino y con su elocuente palabra y gran sentido del arte, expuso al pueblo de Orduña la necesidad y acierto en la restauración. El delicado trabajo fue realizado con paciente cariño, tardándose en él cinco meses sin abandonar el estudio ni un día. El reverendo señor obispo de Bilbao, don Pablo Gúrpide, y la Corporación Provincial de Vizcaya, presidida por don José María Ruiz Salas, con la eficaz colaboración del secretario C. Antonio Martínez y del señor Zufia, hicieron posible que nuestra imagen recién restaurada fuese admirada en el Salón del Trono de nuestra Diputación Provincial por todo el pueblo vizcaíno, que tributó sus alabanzas, celebrando ante ella una misa el señor obispo de Bilbao. La talla es firme y segura, realizada, sin duda, por mano maestra, cosa lógica si se recuerda que Orduña ya en el siglo XIII era la más importante población del Señorío. Es majestuosa la postura de la Señora sentada en su escabel, erguida y digna como quien ocupa un trono. Vista de costado presenta destacados rasgos bizantinos que se completan con su aspecto hierático y con los dibujos de grecas y zapatos. Su presencia gótica no quiere abandonar de todo el gusto románico de sus últimos tiempos. Parece como si la Señora nos quisiera dar una lección de buen gusto, tan necesario en esta época de modernismos, cubismos y sinformiamos. Ruega a tu Hijo por nosotros. EL TXAKOLI EN ORDUÑA Leyendo el ordenamiento, que se publicó en Orduña el año de 1789, veremos la importancia tan grande que tenía el salvaguardar nuestro viñedo y hacer cumplir, por medio de severas ordenanzas, su buen funcionamiento, dado el interés económico que suponía como fuente de ingresos para nuestra ciudad. Este articulado, en su mayor parte, ya existían en otras ordenanzas que se declararon trasnochadas, y en esta ocasión se pusieron acorde con los tiempos que corrían. Una de las ordenanzas que se tomaron como referencia, entre otras, fue la de 1535, que nos demuestra, una vez más, la importancia que tenía Orduña en la producción del vino txakoli en el Señorío de Vizcaya. También podemos apreciar, en el plano dibujado por el señor Armona, este año de 1879, que la superficie dedicada al viñedo ronda el 60% de la tierra de cultivo que se nos muestra en dicho plano. REALES ORDENANZAS DE LA M. N. Y M. L. CIUDAD DE ORDUÑA, CONFIRMADAS POR S. M. CARLOS III Y SEÑORES DEL REAL Y SUPREMO CONSEJO DE CASTILLA, EN FECHA DE 11 DE AGOSTO DE 1789. Título XXIX, páginas 60, 61 y 62 Que ninguna persona de cualquiera clase o condición que sea puede introducir en su casa por mayor, ni por menor vino clarete de rioja, chacolí, ni de otro cualquiera género de afuera sin licencia de los regidores, pesandose en el peso real y pagando antes los derechos de Arbitrios. Capítulo I Es el asunto de la
introducción de vinos el más importante a los intereses de esta Ciudad, cuanto es el
ramo que más le produce y sin el cual verdaderamente no podría subsistir; y por lo mismo
se hace forzoso atajar por todos los medios posibles el que se la defraude; por tanto se
ordena y manda que ninguna persona sea osada a introducir vino clarete, chacolí, ni otro
cualesquiera género de fuera de la jurisdicción sin que preceda licencia por escrito del
Regidor semanero, se pese en el peso real y pague los derechos reales de Arbitrios e
impuestos, pena de perdimiento del vino, colambre y caballería que lo condujere, aplicado
todo después de pagados gastos para la bolsa común de esta Ciudad; y siendo el vino que
se introdujere por menor y por personas incurran en el mismo perdimiento y tres maravedís
de multa.Capítulo II Todo arriero que pare, o que haga noche en los mesones de esta Ciudad, deberá depositar y descargar el vino en la Alóndiga pareciendo a el Ayuntamiento que es practicable, atendida la extensión del descargue y mucho vino que suele parar en los mesones por la frecuencia y paso de la carrera: y verificándose el menor fraude en los mesones, y consumo de cualesquiera especie de vino sin el requisito arriba expresado, se les castigará y multará con rigor a arbitrio del Ayuntamiento. Capítulo III No siendo practicable, el descargue referido, podrá el Ayuntamiento mandar hacerlo de los que concurran a uno u otro siempre que le parezca y lo tenga por conveniente, sin que por hacer esta novedad con unos y no con otros mesoneros pueden formar quejas, instancia, ni recurso alguno. Título LXIV, páginas 100, 101, 102, 104, 105, 106, 107 y 103 Sobre la venta de vino chacolí de la cosecha de esta Ciudad, vendimia conservación de su viñedo, plantío de árboles frutales, y otras cosas en el particular. Capítulo I Quedará a elección del Ayuntamiento de terminar el tiempo que se haya de poner los guardas y su número para que no se cometan hurtos de uva, ni de fruta, com el de remover a cualquiera de ellos, que cometiere algún fraude y fuera negligente en el cumplimiento de su obligación. Capítulo II Desde el tiempo en que se pongan los guardas se prohíbe a toda persona el que con ningún pretexto ni motivo pueda entrar a viña alguna hasta que enteramente se haga la vendimia, y se levanten los guardas pena de mil maravedís y de pagar los daños que hubiera en la misma viña a regulación de peritos con las costas que se causaren, aunque alegue y no se le vea haber cogido uva alguna, y solo por el mero hecho de entrar en la viña, para evitar de este modo los grandes daños y fraudes que se cometan. Capítulo III También se prohíbe que en todo el dicho tiempo entre perro alguno en las viñas; y siempre que por si solo lo haga tendrá facultad el guarda de matarlo, como se manda lo haga: y yendo acompañado de su dueño, u otro que le permita entrar en viña alguna, incurra la tal persona en mil maravedís de multa aplicadas una parte de tres al dueño de la viña. Capítulo IV Para evitar los grandes perjuicios que se ocasionan del arrojo de algunas personas que van a las viñas, y descepan parte de ellas para conducirlo a sus casas y quemarlas en sus fogarea: se ordena que cualquiera persona que se le halle, u averiguare haber cometido semejante exceso y delito, incurra en la multa de cien reales de vellón, a más pague el daño de todas las cepas que faltaren en la propia viña a mil maravedís por cada una, costas y gastos que se ocasionen con ocho días de cárcel; y no teniendo bienes con que pagarlos, sufra esta última pena, y que se destierre de la Ciudad y su jurisdicción por dos años precisos. Capítulo V Para cortar también el igual grande arrojo de arrancar, cortar y talar los árboles frutales que se hallen en las viñas y otras heredades; se ordena que a quien se encontrare u averiguare cometer semejante exceso, pague el cuádruplo del árbol al dueño, teniendo obligación además de por si u a costa tres árboles de la propia especie en la viña u heredad que se causó el daño, incurriendo también en la multa de cincuenta reales y ocho días de cárcel; y ha falta de bienes sufrirá esta pena y dos años de destierro de esta Ciudad y su jurisdicción sin quebrantarle, pena de redoblarse y demás el arbitrio del Alcalde. Capítulo VI Por considerarse de mucha utilidad a el público y a los dueños de viñas el plantío de árboles frutales en ellas, de que algunos lo hacen por sí mismos, omitiendo otros por desidia y preocupación del hurto de la fruta, que siendo muchos los árboles frutales no pueden causarse tanto daño con otras muchas consideraciones: se ordena y manda que cada dueño de viñas en el espacio y término de diez aranzadas ponga cinco árboles frutales a lo menos de los que le pareciere, y así a proporción en todo el viñedo que tuviere; y para hacerlo con más comodidad que desde ahora en cada año planta dos árboles hasta completar el número regular, reemplazándolo después anualmente en caso de faltar alguno, y todo se ejecute pena de mil maravedís por cada árbol que se dejara plantar por los dueños o arrendatarios de viñas, o que de otro modo la cultivasen. Capítulo VII Quedará como siempre a
elección del Ayuntamiento establecer el tiempo de vendimia haciéndola publicar y
pregonar con dos días de anticipación para que los cosecheros preparen lo necesario; y
mediante que en el viñedo de esta Ciudad hay dos especie o más de uva, que unas se
sazonan antes que otras, se deja a la provincia y discrepción del Ayuntamiento para que
haciéndolo reconocer el viñedo, disponga una o más vendimias con los días de anticipo
que pareciera sin levantar los guardas, sino que continúan guardando hasta que en todo se
haga la última vendimia, contribuyendo sin embargo a el pago de salario de guardas los
dueños de viñas que se hubiesen vendimiado antes. Y se prohíbe absolutamente el que
nadie entre a vendimiar sino en los tiempos y cuando lo ordenare el Ayuntamiento, a
excepción de las huertas cerradas que éstas se podrán vendimiar como se ha hecho hasta
aquí cada uno cuando quisiera, pena lo demás de cincuenta ducados, y otras a arbitrios
del Alcalde continuando en infringir esta ordenanza.Capítulo VIII Nadie podrá entrar en uva, mosto, ni vino, de sujetos de fuera de la Ciudad como se ha practicado hasta aquí, la menor cosa para venderlo con su vino pena de comiso del propio vino, carruaje o caballería en que se condujese, y cincuenta ducados de multa aplicado todo según fuero y derecho, para impedir de este modo los gravísimos perjuicios de la Ciudad. Capítulo IX Mediante haberse introducido la costumbre de vender el vino chacolí con libertad en medio de la cosecha hasta que se hace la postura por la Ciudad; considerándolo en un tono perjudicial a la salud pública, por cuando hasta entonces no pueda estar en sazón y bien cocido, y que algunos lo hacen aún en mosto: se prohíbe el que nadie pueda venderlo hasta que se haga la postura y en los términos que abajo se expresara, pena de mandarlo cerrar y de tres mil maravedís de multa que irremisiblemente se exigirán. Capítulo X La postura del vino chacolí, patrimonio y de la cosecha de esta Ciudad la hará el Ayuntamiento el día de San Martín Obispo once de noviembre de cada un año, comenzándose a vender a el día siguiente, (en que se cerrarán las tabernas de vino clarete de Rioja) libremente por quien quisiere, con arreglo a la postura que se diese, hasta el día de Santa Lucía trece de diciembre del mes siguiente, desde el cual tiempo cesará la libertad empezándose a vender por tandas con arreglo a la costumbre, esto es, haciendo lista y asiento de todos los cosecheros y echando suertes el Ayuntamiento, a quien le toque venderá primero siguiéndose sucesivamente los demás; y acabando de vender todos a una misma respectiva cantidad, volverá de nuevo, así hasta concluir todo el vino, pena de mandar cerrar su taberna a quien contraviniese y de tres mil maravedís de multa, y siempre que algún cosechero quiera reservar el todo o parte de su cosecha para venderlo después de las tandas sin usar en ellas por menor, podrá hacerlo y venderlo al precio que pueda, mediante el riesgo y peligro por su debilidad, poca fuerza, y no haber bodegas correspondientes para su conservación, y siendo el tiempo de calor y de verano el más útil y saludable para su gasto. Capítulo XI El tiempo de las referidas tandas solo habrá dos tabernas repartidas por mitad en la ciudad y sus calles, y nadie podrá vender sino por la calle que corresponda a la casa de su habitación, facultándose a los ausentes cosecheros en esta Ciudad para que lo hagan por la calle donde tengan el depósito y bodega de su vino, pena de mandarlo cerrar de lo contrario, tres mil maravedís de multa, y perder la vez y tanda que de otros modos pudiera tocarle, previniéndose se haya de hacer pública la venta y precio del vino por cada vez que toque respectivamente. Capítulo XII El Ayuntamiento celará con particular cuidado lo dispuesto en este ramo, y cada uno por lo que a sí toca, que el vino que se vendiera sea de la calidad y bondad que se requiere, mandándolo cerrar o vaciar, castigando con rigor a quien contraviniese sin mirar a respetos humanos, ni a acepción de personas, sobre que se le encarga seriamente sus conciencias: que las tabernas se abran y cierren a las horas que dispusiere el próximo Ayuntamiento: que los taberneros midan con legalidad correspondiente y que ningún vecino entre a beber, y a los forasteros sólo por el tiempo preciso observándose lo mismo que se deja dispuesto con las tabernas del vino clarete de Rioja procediendo a su cumplimiento sin la menor omisión ni disimulo. Capítulo XIII Las cubas, barriles, comportas, y cuanto fuere necesario limpiar, y ponerse a secar para la vendimia y fuera de ellas, no se puedan dejar entre calles y otro paso público; sino que precisamente luego de lavarlas se han de colocar debajo de los soportales en paraje que no impida el mismo paso; y así que estén secas cuidará cada dueño de recoger lo que fuere suyo, y dentro de los soportales no puedan entrar por ningún caso carro, caballerías pena de quinientos maravedís. Título LXXIII página 124 Que nadie saque frutos de heredades y viñas después de haber anochecido y antes de amanecer. Capítulo I Por el gran peligro que de noche se cometa lo que no es regular de día, principalmente por temor de que le vean, se ordena que nadie saque frutos ya de mieses, o de uva de heredades, viñas ni otras partes después de haber tocado a oraciones ni antes de amanecer, pena de mil maravedís, que se sacaran irremisiblemente aplicándolos según fuero y derecho. Después de ver este articulado tan completo, sobre el vino chacolí en la Ciudad de Orduña, y sus tantas veces repetida importancia. Como colofón de esta historia, veremos tres datos más que la Ciudad del Señorío de Vizcaya, fue una potencia en la producción del vino chacolí, si no la primera, dentro de los pueblos de nuestro País Vasco. Del interés que suponía el viñedo orduñés en Vizcaya Según un inventario de las producciones agrícolas en Vizcaya, fechado en Bilbao a 16 de mayo del año 1681, sobre la producción del vino chacolí en nuestros pueblos, dice así: en todos los puertos de la zona marítima, Ciudad de Orduña, y villa de Balmaseda, como parajes templados, hay viñedos y parrales que producen anualmente unas cinco mil pipas de a 24 cántares de vino chacolí. Reseñas del viñedo de Orduña en un plano de la ciudad En este plano dibujado el año de 1789, por D. José de Armona, en el que nos señala los edificios más importantes, sus murallas; se puede apreciar, que con la letra (r) minúscula nos muestra los viñedos que circundan las murallas de Orduña. Esto nos demuestra una vez más la gran importancia que tuvo su viñedo. El fin del viñedo orduñés Según consta en el inventario de
acontecimientos, de nuestra Ciudad, y que tan brillante nos narra el Sr., Secretario D.
Emeterio de Zugazaga, fechado el día 30 de junio del año 1856, nos dice así: los casos
más graves del momento son los 119 fallecimientos que en Orduña acaecieron por el
cólera llamado morbe-asiático, el año de 1855, y como segunda desgracia para la Ciudad,
dentro de otras muchas más nos dice: las viñas en general de Orduña, padecen desde hace
cuatro años la enfermedad del oidium-tuqueri, de suerte que es casi nula la cosecha de
vino chacolí, y el total deterioro de las cepas. Este inventario se conserva, en la bola
de la veleta de Sta. María de Orduña, y solamente se abre cada 100 años, para volver a
meter nuevos informes sobre nuestra Ciudad y su vida cotidiana.Recopilación sobre el vino chacolí en la ciudad de Orduña J. L. U. APUNTES DE FF. CC. SOBRE ORDUÑA Hablar del ferrocarril y su
incidencia sobre la ciudad de Orduña (Vizcaya) y su jurisdicción, es referirnos en sus
indicios a la línea ferroviaria de Bilbao a Tudela.Por ley de 11 de julio de 1856, se autorizaba el anuncio de subasta para la construcción del ferrocarril de Bilbao a Tudela, pasando por Orduña, Miranda y Logroño. El 6 de julio de 1857 se aprobó su trazado, que pasando por Miranda, como ya se ha dicho, enlazaba con la línea de Zaragoza a Alsasua, a 25 kilómetros de Tudela, y posteriormente dicho empalme se fijó en Castejón. La subasta se celebró el 31 de agosto y sólo acudieron los señores Ingunza y Zorrozua, que representaban a los señores Epalza, Barroeta, Jusúe, Aguirre, Uhagón, Ansuátegui y Obieta. La subvención ofrecida por la Administración fue de 30.000 escudos por kilómetro, a cuyo tipo fue adjudicado el ferrocarril, que contaría con una longitud aproximada de 248 kilómetros. Por lo tanto, se constituyó una compañía con el título de Ferrocarril de Tudela a Bilbao, con un Consejo de Administración presidido por don Pablo Epalza. El 5 de diciembre de 1857 comenzaron los trabajos bajo la dirección facultativa del ingeniero británico Charles Vignole, con otros ingenieros y personal también ingleses, y con la colaboración del ingeniero español don Manuel Peironcelly. En el mes de marzo de 1863 se
inauguraba la sección de Bilbao a Miranda de Ebro, llegando los primeros trenes a
Orduña. El movimiento ferroviario fue continuado y normal, con interrupciones de las
comunicaciones entre Orduña y Miranda, a causa de las acciones de los guerrilleros
carlistas, durante los años de 1873, 1874 y 1875.Esta línea no fue rentable. Ya a los tres años de iniciada su explotación, la compañía estaba al borde de la quiebra, que por el momento se conjuró en una magna reunión de acreedores y accionistas, animados de un gran espíritu de concordia, colaboración y decisión. La reunión se efectuó en unos grandes almacenes de la estación de Bilbao, que desde entonces se llamaron Almacenes de la Concordia, firmándose el acta de acuerdo el 11 de octubre de 1866. Posteriormente se vendieron dichos almacenes a una sociedad constructora, pero el solar siguió llamándose Terrenos de la Concordia. A pesar del acuerdo, la marcha económica de la empresa no mejoró, y a los 12 años, en 1878, el Ferrocarril de Tudela a Bilbao se entregó a la Compañía del Norte, que por aquel entonces era casi totalmente de capital francés. Resumiendo, el 28 de marzo de 1878, la Compañía de Caminos de Hierro del Norte, fundada por el grupo financiero francés de los Pereire, adquirió los derechos y propiedades de la línea de Tudela a Bilbao. "Aquí se puede poner el interés que el ferrocarril tuvo sobre la comarca del Nervión, por sus industrias, facturación de sus productos, transporte de personal, relaciones de Bilbao con Castilla, etc., etc." El ferrocarril, posteriormente, se fue modernizando con las nuevas técnicas de explotación ferroviarias, así como nuevas estructuras administrativas, y ya una vez que se unifican las líneas de ancho normal, en la que estaba incluida Orduña, pasan las líneas de la compañía de Hierro del Norte a integrarse en Renfe. Dentro de Renfe, Orduña ve llegar la electrificación, con supresión total de la antigua tracción a vapor el día 28 de agosto de 1956, coincidiendo con la inauguración del trayecto de Miranda de Ebro a Bilbao. ESPECIES RECOGIDAS EN ORDUÑA Debido a la variedad de vegetación existente en Orduña y valle de Arrastaria, en general, existe la posibilidad de recoger gran cantidad de especies. Las que personalmente he recogido a lo largo de 1983, y que tienen un cierto interés, las relaciono a continuación. Como ya he comentado al hablar de cómo vive una seta, las especies van unidas a otro vegetal, formando lo que se llama micorriza, es decir, que las setas nacen en un hábitat determinado. Será inútil buscar un níscalo dentro de un hayal, así como buscar un hongo negro en el centro de un pastizal. Las especies de interés recogidas son las siguientes:
Como se puede observar, en esta lista se
encuentran todas aquellas que poseen algún interés desde el punto de vista
gastronómico. Venenosas hay pocas, pero muy peligrosas por su afinidad o parecido a otras
comestibles. Por ello, no está demás volver a insistir, cuantas veces sea necesario, que
no hay reglas fijas para conocer si una seta es buena o mala. Hay que conocerlas bien,
antes de comerlas.
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