 Surgida casi de sde el inicio de la Villa, como típico espacio de mercado extramuros, la
plaza es un elemento singular, sorprendente desde su misma dimensión, inhabitual en las
villas medievales vizcaínas, potente visualmente, con arcadas que casi la recorren en su
integridad. El papel de Orduña, fundada en el 1256, fue fundamental para asegurar los
caminos desde Vitoria o Miranda de Ebro hacia Encartaciones-Castro Urdiales o hacia
Bermeo-Bilbao. Pero la propia dimensión de la plaza, ocupando prácticamente el ancho
urbano de las tres calles originales, y la propia dimensión del Casco medieval, el mayor
de Bizkaia, indican la importancia del papel económico y social de la Villa y de su
plaza.
Co n documentos que citan primeras
construcciones con arcos a la muralla, la formalización actual debe situarse a partir del
incendio de 1536, que prácticamente arrasó la villa. El Palacio Mimenza, Plaza de los
Fueros 11, esquina con la calle Orduño, procede de 1555, y constituye referencia
renacentista del Orduña de la época: porticado, construido en ladrillo, con balcones de
herrería, es un ejemplo arquitectónico y urbanístico, de las relaciones castellanas de
la Villa, más concretamente aún, con la Corte vallisoletana de los Austria. Del período
barroco destaca en el mismo frente de la plaza, el Palacio Díaz-Pimienta, Plaza de los
Fueros 14, un voluminoso edificio frontalmente concebido con su doble torreón a la plaza,
rotundo, urbano no solo por la continuidad del pórtico, sino por introducir la balconada
corrida, elemento de participación festiva, muy de su época. Los dos antiguos palacios
citados, están hoy reconvertidos en viviendas múltiples.
El A yuntamiento es otro edificio llamativo,
construido en 1771, apoyándose en la muralla y torreón que formaron parte también de la
Casa Consistorial anterior. De proporciones y ritmos de fachada magníficos, resulta
visualmente muy atractivo, en una composición original, y que repite la balconada corrida
en primera planta. El edificio de la Aduana, ocupando todo un frente de la plaza, es una
construcción que reduce a lo elemental muchos de los planteamientos del neoclásico
francés más radical, sea cierta o no la atribuida presencia del alavés Olaguibel en las
trazas del edificio: mínima expresividad, número impar de tramos y vanos, rotundidad en
el giro de esquina, material puro. Construido por M.M. de Carrera en 1787-92, sufragado
por la Corona, apareciendo el escudo Real en el frontón del edificio.
Casas del XIX en su mayor parte, terminan de completar este
espacio, reurbanizado a comienzos de ese mismo siglo, con el actual arbolado, kiosko y
fuente. Mención aparte merece la iglesia de la Sagrada Familia, por su trascendencia. |