Estamos ante una de las referencias obligadas en la arquitectura vizcaína
de comienzos de siglo, obra cumbre del entonces arquitecto de la Diputación, Mario
Camiña.
En este edificio el arquitecto conjuga magníficamente aspectos técnicos, apostando por
su construcción en un material entonces novedoso, el hormigón armado, definiendo una
malla estructural ordenada, con lo que se adentra decididamente en conceptos que serán
propios de la arquitectura modern a. Aún manteniendo una cierta imagen
ecléctica exterior, el edificio se libera de la pesadez de los muros portantes, y esta
mayor ligereza es evidente tanto en el resultado interior como sobre todo exterior, con
grandes luces en huecos y ventanas, y la novedosa importancia de las terrazas corridas
hacia el mar; edificio balneario por excelencia, reconocido su valor en el panorama de la
arquitectura internacional.
Múltiples veces reformado para adaptarlo a las cambiantes necesidades hospitalarias, son
dignas de citar varias intervenciones de Emiliano Amann que acaban por configurar el
conjunto de pabellones independientes, la parcela y su parque. En otras intervenciones
posteriores, es lamentable la ausencia de sensibilidad suficiente para entender que
readecuación no necesariamente significa el despropósito de tuberías por todas partes,
etc.
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