Cáceres
Conquistadora
 Cáceres,
tierra que fue de conquistadores, sigue aún hoy en día conquistando a quienes se avienen
a visitarla. Nada mejor para convencerse de su hechizo que viajar por los valles del
Jerte, La Vera, Ambroz y Las Hurdes, en el norte de la provincia. Después de conocer
estas tierras cacereñas, reconocerás lo engañoso y equivocado del tópico que describe
a Extremadura como seca y árida.
Las mencionadas comarcas poseen un entorno natural excepcional, en todo su esplendor en
primavera y acaso menos en otoño. Son paisajes naturales y bucólicos, donde el marco
natural se enriquece con las características propias de cada valle y por el común
denominador de sus numerosos cauces de limpias y saltarinas aguas, así como de sus
frondosos bosques que cubren montes y colinas. El cerezo predomina en el Jerte, el roble
en La Vera, el castaño en el valle de Ambroz y el pino en Las Hurdes. En cuanto al
ámbito geológico, en Las Hurdes abunda la pizarra, mientras que es el granito el que
destaca en los otros tres valles contiguos. El viajero podrá posar su mirada, una y otra
vez, sobre ricos panoramas arquitectónicos donde la naturaleza campea a su aire.
"Son más serios, más graves, más fragosos, menos de cromo", según los
comparaba Unamuno a los del litoral cantábrico, en su libro "Por tierras de Portugal
y España".Tu estancia en estas tierras puede prolongarse con la visita al Parque
Natural de Monfragüe y, cómo no, con el recorrido a pie por las históricas e
interesantes ciudades de Plasencia ,"la perla del Jerte", y el casco monumental
de Cáceres capital.
El Jerte:
 El
puerto de Tornavacas hace de ventana-mirador desde donde contemplar casi la totalidad del
valle del Jerte. Al viajero procedente del norte, Tornavacas le ofrece la visión de este
estrecho valle que recorre el río que le da nombre y al que a finales de marzo más de un
millón de cerezos le flanquean vestidos de algodonado blancor. El puerto de Tornavacas
tiene a la izquierda los grandes picos, "casi siempre canos por las nieves",
citando otra vez a Unamuno, de la Sierra de Gredos; a la derecha la menos nevada sierra de
Béjar. Comenzando a bajar el valle, el pueblo de Tornavacas es el primero de los pueblos
que cruza el río. El turista empieza a familiarizarse con las pequeñas torrenteras que
forman las aguas provenientes de las sierras que coronan el valle y que bajo el nombre de
gargantas y gargantillas abundan por estas comarcas. La más famosa es la Garganta de los
Infiernos, donde tras ascender unos pocos kilómetros de sendero se llega a un paraje,
conocido por Los Pilones, pozas labradas en la roca por la acción caprichosa de las
aguas. Esta zona es reserva natural y dispone de un Centro de Interpretación. Tras el
paseo, el caminante puede acercarse a un taller de alabastro donde comprar algún objeto
de este material o las bien imitadas cerezas del valle.
Jerte, Cabezuela y Navaconcejo, son pueblos regados por el Jerte y que han canalizado sus
aguas para formar piscinas naturales, zonas de baño y de recreo de cara a los
veraneantes. Lo mismo se puede decir de otros muchos pueblos de estos zona del norte de
Cáceres que aprovechan así la abundante agua de que disponen.
 El
valle es famoso por su gran producción de cereza. Ambas laderas del valle están
escalonadas por estrechos bancales que alojan a más de un millón de cerezos que, en
flor, crean la sensación de nevadas laderas y que, en fruto, tiñen el valle de color
rojizo. Espectáculos de la naturaleza que atraen a muchísimos visitantes.
Pasado Navaconcejo se sugiere la subida a Valdastilla, camino de Piornal, el pueblo más
elevado de toda Extremadura, entre el valle y la vecina comarca de La Vera. Por sus calles
principales discurre el agua del deshielo encauzada en un canal abierto en el centro de la
calle. Piornal es también un mirador privilegiado para volver los ojos al valle del Jerte
o recorrer con la mirada el más amplio valle de La Vera. Poco antes de alcanzar Piornal,
merece la pena hacer un alto en la cascada del Caozo, espectacular siempre pero sobre todo
en época de crecida.
La Vera:
 Si
el valle del Jerte se caracteriza principalmente por sus innumerables cerezos, la comarca
vecina de La Vera tiene como impronta sus más de cuarenta gargantas que bajan de la
sierra de Gredos. La Vera es conocida como la Suiza extremeña, en parte por su frescura y
verdor, en parte por la monumentalidad del macizo de Gredos, del que irrumpen ladera abajo
los muchos torrentes que, rápidos y sonoros, quiebran sus gargantas en continua pelea con
las rocosidades de la montaña. "En sus faldas y hasta el río Tiétar, que corre
paralelo a la sierra, se extiende la llamada Vera de Plasencia, región tan abandonda como
hermosa, que me recordaba hace pocos días a mi tierra vascongada por el carácter de su
paisaje", Unamuno, libro citado. Conviene recordar al respecto de cierta apreciación
unamuniana que el texto fue escrito en 1908 y que desde entonces ha corrido mucho agua de
progreso bajo los puentes, -nuevos ahora, de piedra entonces-, de la comarca verata.
Unamuno se acercó a estas tierras a conocer el monasterio de Yuste, a donde vino a morir
el emperador Carlos V. Se puede visitar la iglesia, el claustro y la cripta bajo el altar
mayor. Además se pueden recorrer las austeras estancias que el emperador se hizo
construir junto al monasterio. "Grande celda para un fraile, corto albergue para un
César". Cerca del monasterio otros alemanes descansan en el cementerio alemán que
se hizo hace unos años para enterrar a los soldados de ese país muertos en la península
en las dos guerras mundiales.
 Yuste
está situado entre dos pueblos que merecen su visita: Garganta de la Olla, pueblo
enclavado en una paraje medio rodeado de sierras, y Cuacos de Yuste, uno de los pueblos
más bonitos de la comarca. Otros pueblos son Jaraíz, Jarandilla, Losar, Valverde,
Villanueva y Madrigal. Pueblos, que además de poseer el mismo apellido que da nombre a la
comarca, tienen también en común la frondosidad y el abundante líquido elemento que da
gran vida a esta zona extremeña. Por todo el valle pueden oírse los ecos del viejo
romance: "El viento lleno de olores / con mucho fruto la tierra / y en fin, todo es
un milagro / y un paraíso La Vera". En Jarandilla está el castillo de los Condes de
Oropesa, hoy convertido en Parador Nacional. Recuerdo aquí que no es necesario estar
alojado en un parador para que el turista pueda curiosear sus zonas más nobles y hasta
sentarse a tomar algo, seguro que sí, en un marco como pocos. Valverde es otro pueblo de
especial encanto, donde el agua canalizada corre por sus ladeadas calles y donde se puede
encontrar una fuente en cada una de sus pequeñas plazas. Como curiosidad, el Tío Aurelio
ha coleccionada en su casa-museo los mil y un utensilios que hasta hace unos años eran de
uso cotidiano pero que hoy en día son recuerdo en la memoria de los que visten canas.
Además de una frondosa vegetación y abundancia de arbolado, la comarca es famosa por sus
producciones de tabaco y de pimientos pimentoneros. Seguimos citando a Unamuno: "La
Vera es rica en frutales y surte de cerezas a Madrid. El cultivo principal es, sin
embargo, el del pimiento; un cultivo terrible. A él hay quien atribuye el crecido
números de abortos que en Jarandilla se registran". Curiosa, cuando menos, es esta
apreciación del escritor vasco en el libro ya varias veces citado.
Ambroz:
 Vecino
también al Valle del Jerte, pero al lado contrario a La Vera, está el valle de
Ambroz.
Pasar del Jerte a Ambroz, camino de Hervás, y superando el puerto de Honduras, es
adentrarse en una colina boscosa de extraordinaria belleza. Como también es igualmente
precioso el paso desde El Torno, pueblo del Jerte, hasta Cabezabellosa y Villar de
Plasencia en Ambroz. Desde esta última población se puede uno acercar a Cáparra para
ver los restos arqueológicos de la que fue la segunda ciudad en importancia de Lusitania
después de Mérida. A destacar aquí el magnífico arco cuadriforme, único en su género
en la península. Ambroz es un amplio valle en su extremo más cercano a Plasencia y que
alberga el embalse de Gabriel y Galán en honor al escritor que nació en uno de los
pueblos de su ribera: Guijo de Granadilla. Granadilla, esta vez a secas, es otro de los
pueblos al borde del pantano y que quedó deshabitado tras la construcción del mismo.
Despoblado y todo, hoy es conjunto Histórico Artístico. Posee el pueblo una hermosa
Torre del Homenaje y conserva una monumental muralla almohade sobre la que se puede hacer
el paso de ronda contemplando las aguas del embalse y los edificios -restaurados unos,
otros no- de intramuros. El Ministerio de Educación ha desarrollado varios planes de
recuperación, siendo usado actualmente como granja-escuela por centros escolares.Hervás
es sin duda el pueblo más renombrado del valle. Conocido sobre todo por su atractivo
barrio judío, uno de los mejor conservados, el viajero puede deambular por el trazado
irregular y tortuoso de sus calles estrechas, donde las casas son de entramado de madera y
caracterizadas por sus fachadas recubiertas de tejas. Más hacia la sierra de
Béjar, al
pié del puerto, los Baños de Montemayor reviven tradicionales balnearios donde
antiguamente los romanos ya habían montado sus termas para los caminantes de la Vía de
la Plata.
Las Hurdes:
 La
proximidad de las Hurdes a los valles anteriores hizo que nos adentráramos a conocer esta
famosa comarca. Esta bella zona del norte extremeño es naturaleza virgen, valles y
montañas, ríos y laderas de lastras, flora y fauna. Pequeños pueblos incrustados en la
misma orografía sin dañarla. Aquí el tiempo no tiene prisa y el silencio humano deja
hablar al agua cantarina de los arroyuelos y al viento modulando melodías en el ramaje de
los árboles. Las Hurdes van superando su leyenda negra y los hurdanos, pegados a su
leyendas, mitos, tradiciones y vivencias, acogen al forastero con su ancestral humilde
humanidad. Las antiguas alquerías de muros de lajas de pizarra, pequeñas y sin luz, son
restos o reliquias de la verdadera historia, ya pasada, de esta emblemática zona al norte
mismo de la provincia cacereña.La carretera que vertebra la comarca va dejando a su paso
a los pueblos más importantes de Las Hurdes: Pinofranqueado, Caminomorisco,
Cambroncino,
Vegas de Coria, Las Mestas. Pero el viajero tiene que salirse de la misma y subir por
carreteras que siguen los cauces de los ríos que bajan de la Sierra de Gata y de la Peña
de Francia para encontrarte con los pequeños pueblos o alquerías donde todavía se
conservan las antiguas edificaciones de materiales pizarrosos.  A parte
de estos pequeños pueblos, habrá que hacer senderismo incluso por los mismo cauces de
los ríos, en medio de una orografía accidentada, para dar con algunos de los chorros o
chorrillos de la zona, como llaman por aquí al agua que se precipita desde considerable
altura. Pueblecitos como Ovejuela, Sauceda, Erías y Aldehuela tienen su impronta de las
Hurdes bajas. De vez en cuando, aquí y allá, se encuentran colmenas y más colmenas,
haciendo que la miel sea una fuente de riqueza para los pobladores de estas zonas. Más al
noreste, las poblaciones son algo más grandes. Nuñomoral, Martilandrán, Fragoso y El
Gasco pertenecen a la zona media hurdana y se encuentran en laderas o fraguas de abundante
lenguas pizarrosas y en colinas de pinares advenedizos, de arbustos y brezos.
Impresionante la vista sobre el gran meandro del río allá abajo que puede verse desde la
residencia de ancianos de Cottolengo en Martilandrán. En El Gasco es necesario calzarse
las botas y ascender hasta el chorro de la Meancera, la cascada más espectacular de Las
Hurdes. Interesa también subir a las Hurdes altas hasta alcanzar Casares de las
Hurdes,
rodeado de olivares, y continuar hacia la cuenca del río Ladrillar, donde pueblos como
Ladrillar, Cabezo y Las Mestas se ubican en estrechos valles densamente repoblados de
pinos en el límite con la provincia de Salamanca.
Alberto
Angulo -Getxo, Bizkaia
Director del Ciclo Superior de Turismo del IES Uribe Kosta de Plentzia
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