El relato de...


Alberto Angulo

Cáceres Conquistadora

Cáceres, tierra que fue de conquistadores, sigue aún hoy en día conquistando a quienes se avienen a visitarla. Nada mejor para convencerse de su hechizo que viajar por los valles del Jerte, La Vera, Ambroz y Las Hurdes, en el norte de la provincia. Después de conocer estas tierras cacereñas, reconocerás lo engañoso y equivocado del tópico que describe a Extremadura como seca y árida.
Las mencionadas comarcas poseen un entorno natural excepcional, en todo su esplendor en primavera y acaso menos en otoño. Son paisajes naturales y bucólicos, donde el marco natural se enriquece con las características propias de cada valle y por el común denominador de sus numerosos cauces de limpias y saltarinas aguas, así como de sus frondosos bosques que cubren montes y colinas. El cerezo predomina en el Jerte, el roble en La Vera, el castaño en el valle de Ambroz y el pino en Las Hurdes. En cuanto al ámbito geológico, en Las Hurdes abunda la pizarra, mientras que es el granito el que destaca en los otros tres valles contiguos. El viajero podrá posar su mirada, una y otra vez, sobre ricos panoramas arquitectónicos donde la naturaleza campea a su aire. "Son más serios, más graves, más fragosos, menos de cromo", según los comparaba Unamuno a los del litoral cantábrico, en su libro "Por tierras de Portugal y España".Tu estancia en estas tierras puede prolongarse con la visita al Parque Natural de Monfragüe y, cómo no, con el recorrido a pie por las históricas e interesantes ciudades de Plasencia ,"la perla del Jerte", y el casco monumental de Cáceres capital.

El Jerte:

El puerto de Tornavacas hace de ventana-mirador desde donde contemplar casi la totalidad del valle del Jerte. Al viajero procedente del norte, Tornavacas le ofrece la visión de este estrecho valle que recorre el río que le da nombre y al que a finales de marzo más de un millón de cerezos le flanquean vestidos de algodonado blancor. El puerto de Tornavacas tiene a la izquierda los grandes picos, "casi siempre canos por las nieves", citando otra vez a Unamuno, de la Sierra de Gredos; a la derecha la menos nevada sierra de Béjar. Comenzando a bajar el valle, el pueblo de Tornavacas es el primero de los pueblos que cruza el río. El turista empieza a familiarizarse con las pequeñas torrenteras que forman las aguas provenientes de las sierras que coronan el valle y que bajo el nombre de gargantas y gargantillas abundan por estas comarcas. La más famosa es la Garganta de los Infiernos, donde tras ascender unos pocos kilómetros de sendero se llega a un paraje, conocido por Los Pilones, pozas labradas en la roca por la acción caprichosa de las aguas. Esta zona es reserva natural y dispone de un Centro de Interpretación. Tras el paseo, el caminante puede acercarse a un taller de alabastro donde comprar algún objeto de este material o las bien imitadas cerezas del valle.
Jerte, Cabezuela y Navaconcejo, son pueblos regados por el Jerte y que han canalizado sus aguas para formar piscinas naturales, zonas de baño y de recreo de cara a los veraneantes. Lo mismo se puede decir de otros muchos pueblos de estos zona del norte de Cáceres que aprovechan así la abundante agua de que disponen.
El valle es famoso por su gran producción de cereza. Ambas laderas del valle están escalonadas por estrechos bancales que alojan a más de un millón de cerezos que, en flor, crean la sensación de nevadas laderas y que, en fruto, tiñen el valle de color rojizo. Espectáculos de la naturaleza que atraen a muchísimos visitantes.
Pasado Navaconcejo se sugiere la subida a Valdastilla, camino de Piornal, el pueblo más elevado de toda Extremadura, entre el valle y la vecina comarca de La Vera. Por sus calles principales discurre el agua del deshielo encauzada en un canal abierto en el centro de la calle. Piornal es también un mirador privilegiado para volver los ojos al valle del Jerte o recorrer con la mirada el más amplio valle de La Vera. Poco antes de alcanzar Piornal, merece la pena hacer un alto en la cascada del Caozo, espectacular siempre pero sobre todo en época de crecida.

La Vera:

Si el valle del Jerte se caracteriza principalmente por sus innumerables cerezos, la comarca vecina de La Vera tiene como impronta sus más de cuarenta gargantas que bajan de la sierra de Gredos. La Vera es conocida como la Suiza extremeña, en parte por su frescura y verdor, en parte por la monumentalidad del macizo de Gredos, del que irrumpen ladera abajo los muchos torrentes que, rápidos y sonoros, quiebran sus gargantas en continua pelea con las rocosidades de la montaña. "En sus faldas y hasta el río Tiétar, que corre paralelo a la sierra, se extiende la llamada Vera de Plasencia, región tan abandonda como hermosa, que me recordaba hace pocos días a mi tierra vascongada por el carácter de su paisaje", Unamuno, libro citado. Conviene recordar al respecto de cierta apreciación unamuniana que el texto fue escrito en 1908 y que desde entonces ha corrido mucho agua de progreso bajo los puentes, -nuevos ahora, de piedra entonces-, de la comarca verata.
Unamuno se acercó a estas tierras a conocer el monasterio de Yuste, a donde vino a morir el emperador Carlos V. Se puede visitar la iglesia, el claustro y la cripta bajo el altar mayor. Además se pueden recorrer las austeras estancias que el emperador se hizo construir junto al monasterio. "Grande celda para un fraile, corto albergue para un César". Cerca del monasterio otros alemanes descansan en el cementerio alemán que se hizo hace unos años para enterrar a los soldados de ese país muertos en la península en las dos guerras mundiales.
Yuste está situado entre dos pueblos que merecen su visita: Garganta de la Olla, pueblo enclavado en una paraje medio rodeado de sierras, y Cuacos de Yuste, uno de los pueblos más bonitos de la comarca. Otros pueblos son Jaraíz, Jarandilla, Losar, Valverde, Villanueva y Madrigal. Pueblos, que además de poseer el mismo apellido que da nombre a la comarca, tienen también en común la frondosidad y el abundante líquido elemento que da gran vida a esta zona extremeña. Por todo el valle pueden oírse los ecos del viejo romance: "El viento lleno de olores / con mucho fruto la tierra / y en fin, todo es un milagro / y un paraíso La Vera". En Jarandilla está el castillo de los Condes de Oropesa, hoy convertido en Parador Nacional. Recuerdo aquí que no es necesario estar alojado en un parador para que el turista pueda curiosear sus zonas más nobles y hasta sentarse a tomar algo, seguro que sí, en un marco como pocos. Valverde es otro pueblo de especial encanto, donde el agua canalizada corre por sus ladeadas calles y donde se puede encontrar una fuente en cada una de sus pequeñas plazas. Como curiosidad, el Tío Aurelio ha coleccionada en su casa-museo los mil y un utensilios que hasta hace unos años eran de uso cotidiano pero que hoy en día son recuerdo en la memoria de los que visten canas.
Además de una frondosa vegetación y abundancia de arbolado, la comarca es famosa por sus producciones de tabaco y de pimientos pimentoneros. Seguimos citando a Unamuno: "La Vera es rica en frutales y surte de cerezas a Madrid. El cultivo principal es, sin embargo, el del pimiento; un cultivo terrible. A él hay quien atribuye el crecido números de abortos que en Jarandilla se registran". Curiosa, cuando menos, es esta apreciación del escritor vasco en el libro ya varias veces citado.

Ambroz:

Vecino también al Valle del Jerte, pero al lado contrario a La Vera, está el valle de Ambroz. Pasar del Jerte a Ambroz, camino de Hervás, y superando el puerto de Honduras, es adentrarse en una colina boscosa de extraordinaria belleza. Como también es igualmente precioso el paso desde El Torno, pueblo del Jerte, hasta Cabezabellosa y Villar de Plasencia en Ambroz. Desde esta última población se puede uno acercar a Cáparra para ver los restos arqueológicos de la que fue la segunda ciudad en importancia de Lusitania después de Mérida. A destacar aquí el magnífico arco cuadriforme, único en su género en la península. Ambroz es un amplio valle en su extremo más cercano a Plasencia y que alberga el embalse de Gabriel y Galán en honor al escritor que nació en uno de los pueblos de su ribera: Guijo de Granadilla. Granadilla, esta vez a secas, es otro de los pueblos al borde del pantano y que quedó deshabitado tras la construcción del mismo. Despoblado y todo, hoy es conjunto Histórico Artístico. Posee el pueblo una hermosa Torre del Homenaje y conserva una monumental muralla almohade sobre la que se puede hacer el paso de ronda contemplando las aguas del embalse y los edificios -restaurados unos, otros no- de intramuros. El Ministerio de Educación ha desarrollado varios planes de recuperación, siendo usado actualmente como granja-escuela por centros escolares.Hervás es sin duda el pueblo más renombrado del valle. Conocido sobre todo por su atractivo barrio judío, uno de los mejor conservados, el viajero puede deambular por el trazado irregular y tortuoso de sus calles estrechas, donde las casas son de entramado de madera y caracterizadas por sus fachadas recubiertas de tejas. Más hacia la sierra de Béjar, al pié del puerto, los Baños de Montemayor reviven tradicionales balnearios donde antiguamente los romanos ya habían montado sus termas para los caminantes de la Vía de la Plata.

Las Hurdes:

La proximidad de las Hurdes a los valles anteriores hizo que nos adentráramos a conocer esta famosa comarca. Esta bella zona del norte extremeño es naturaleza virgen, valles y montañas, ríos y laderas de lastras, flora y fauna. Pequeños pueblos incrustados en la misma orografía sin dañarla. Aquí el tiempo no tiene prisa y el silencio humano deja hablar al agua cantarina de los arroyuelos y al viento modulando melodías en el ramaje de los árboles. Las Hurdes van superando su leyenda negra y los hurdanos, pegados a su leyendas, mitos, tradiciones y vivencias, acogen al forastero con su ancestral humilde humanidad. Las antiguas alquerías de muros de lajas de pizarra, pequeñas y sin luz, son restos o reliquias de la verdadera historia, ya pasada, de esta emblemática zona al norte mismo de la provincia cacereña.La carretera que vertebra la comarca va dejando a su paso a los pueblos más importantes de Las Hurdes: Pinofranqueado, Caminomorisco, Cambroncino, Vegas de Coria, Las Mestas. Pero el viajero tiene que salirse de la misma y subir por carreteras que siguen los cauces de los ríos que bajan de la Sierra de Gata y de la Peña de Francia para encontrarte con los pequeños pueblos o alquerías donde todavía se conservan las antiguas edificaciones de materiales pizarrosos. A parte de estos pequeños pueblos, habrá que hacer senderismo incluso por los mismo cauces de los ríos, en medio de una orografía accidentada, para dar con algunos de los chorros o chorrillos de la zona, como llaman por aquí al agua que se precipita desde considerable altura. Pueblecitos como Ovejuela, Sauceda, Erías y Aldehuela tienen su impronta de las Hurdes bajas. De vez en cuando, aquí y allá, se encuentran colmenas y más colmenas, haciendo que la miel sea una fuente de riqueza para los pobladores de estas zonas. Más al noreste, las poblaciones son algo más grandes. Nuñomoral, Martilandrán, Fragoso y El Gasco pertenecen a la zona media hurdana y se encuentran en laderas o fraguas de abundante lenguas pizarrosas y en colinas de pinares advenedizos, de arbustos y brezos. Impresionante la vista sobre el gran meandro del río allá abajo que puede verse desde la residencia de ancianos de Cottolengo en Martilandrán. En El Gasco es necesario calzarse las botas y ascender hasta el chorro de la Meancera, la cascada más espectacular de Las Hurdes. Interesa también subir a las Hurdes altas hasta alcanzar Casares de las Hurdes, rodeado de olivares, y continuar hacia la cuenca del río Ladrillar, donde pueblos como Ladrillar, Cabezo y Las Mestas se ubican en estrechos valles densamente repoblados de pinos en el límite con la provincia de Salamanca.

Alberto Angulo  -Getxo, Bizkaia
Director del Ciclo Superior de Turismo del IES Uribe Kosta de Plentzia

 

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