Nuestras rutas:
1º Día: Getxo- La Foz de Lumbier- Sangüesa.
2º Día: Javier- La Oliva- Olite- Ujué.
3º Día: Isaba- Ochagavía- El bosque de Irati.
4º Día: Monasterio de Leire- Sos del Rey Católico- Getxo.
Lo de pernoctar en
Leyre nos pareció una buena idea desde el primer momento. De cara al largo
"puente" de Todos los Santos, la pernoctación en el Hostal del Monasterio
tres noches, cinco matrimonios, cuatro adolescentes- nos ofrecía la posibilidad de
buenas excursiones. Por eso preparamos un itinerario distinto para cada uno de los cuatro
días, teniendo al monasterio de la ladera de Yesa como punto de referencia. El jueves la
caravana de coches partía de Getxo hacia Navarra. La carretera es buena y rápida. Al
mediodía ya estábamos en el aparcamiento de la Foz de Lumbier. La alternativa era la
ruta corta ( 2 Km) o la larga (algo más de 5 Km) Optamos por esta última.
El día era soleado y la marcha por la
ladera no ofreció dificultad ninguna. Por otra parte, la vista desde lo alto merecía la
pena. Recorridos algo más de dos kilómetros llegamos a la boca sur de la Foz. En este
extremo se haya la Fuente del Diablo y un antiguo y derruido puente que saltaba el río
Irati, justo donde termina el cañón. Una vez cruzados los dos antiguos túneles del
extinguido ferrocarril Pamplona Sangüesa, nos adentramos en el amurallado
desfiladero de altas paredes rocosas excavado por el río. Sobre nuestras cabezas decenas
de buitres hacían sus acrobacias de "vuelos sin motor" como queriendo
impresionar al caminante. ¡Todo un espectáculo de la naturaleza!
Acabado el paseo,
nos sentamos en las mesas de picnic para reponer fuerzas con las viandas y el vino que
traíamos de casa. La cuadrilla dio conversación y jolgorio. ¡Es una gran suerte tener
amigos! La tarde se hizo corta, enseguida cayó la oscuridad de estos días otoñales.
Había que poner rumbo a Leyre. Tras tener un primer contacto con las habitaciones, nos
hizo ilusión asistir a las Vísperas cantadas por los monjes en el marco de la majestuosa
iglesia gótica de altas bóvedas. Terminados los cantos monacales, salimos para la
cercana Sangüesa, población de medievales iglesias y conventos que nos recordaron que
por aquí pasaba el camino de Santiago.
El viernes lo
estrenamos con la visita al castillo de Javier. Nuestra siguiente parada era La Oliva, en
las anchas tierras del sur de Navarra. Si por la mañana habíamos dejado a los
benedictinos de Leyre, al mediodía visitábamos a los cistercienses de La Oliva. De San
Benito a San Bernardo. De los negros hábitos de los primeros a los blancos de los
segundos. En este contexto, cabe recordar aquello de que: "Bernardus valles,
Benedictus colles amabat". El corto latinajo viene a decir que mientras san Bernardo
quería los valles -y la abundancia de agua, añadiría yo-, para sus monasterios, por el
contrario san Benito prefería la altura de las colinas o las laderas de los montes.
Siguiendo con esta breve disquisición entre estas dos órdenes monacales, ampliaría el
tema concluyendo que si san Bernardo deseaba que la luz penetrara en sus templos, san
Benito se inclinaba por el recogimiento de la penumbra para los suyos.
Pero estábamos en
el monasterio de La Oliva, donde, como en otros muchos monasterios, la desamortización de
Mendizabal ha dejado su negativa huella. Aunque se conserva el claustro, sólo quedan
restos de la antigua sala capitular, así como de la cocina, del refectorio y de otras
dependencias monacales. La visita a la iglesia nos coincidió con los cantos recitados de
los monjes, previos a su comida. Y a comer nos fuimos a Olite. En el camino pudimos ver
que la laguna de Pitillas estaba casi seca. El portentoso, pero en gran parte
reconstruido, castillo de Olite esperaba nuestra visita vespertina. Las niñas jugaron a
subir y bajar torres, y a perderse entre tantas galerías, patios y jardines. La ruta del
día incluía también Tafalla y Ujué, pero la noche hizo que dejáramos las vistas desde
la iglesia-fortaleza de esta última población para otra oportunidad viajera.
El sábado nos
ofrecería otro bello recorrido. Tras bordear en parte el embalse de Yesa, ascendimos a
Roncal e Isaba, preciosos pueblos de montaña en las estribaciones de los Pirineos. De
paso, ocasión para adquirir el famoso queso del Roncal. Tras la parada, la ruta nos
llevaría a Ochagavía. Otro pueblo de gran encanto y considerado por muchos como el
pueblo más bonito de Navarra. Con todo, nuestra meta iba más arriba, hasta la ermita de
Nuestra Señora de las Nieves, en el bosque, también llamado selva, de Irati en el norte
del valle de Salazar.
Allí se le
ofrecen al caminante varias rutas a pie a cuál más atractiva. Además, en esta época
del año, el bosque de hayedos y otras especies arbóreas muestra al paseante su más
colorista paleta dentro de la gama de tonalidades otoñales. Es en otoño y también en
primavera cuando la masa de miles de árboles se visten de sus mejores galas para
impresionar al caminante. La vuelta hacia Lumbier y Leyre fue recorriendo los pequeños
pueblos del valle de Salazar. Ya en Leyre, en el restaurante del Hostal, el grupo pudo
apreciar una buena cena a tono con el magnífico día trascurrido.
El domingo era
nuestro día de regreso. Antes de partir tocaba visitar el monasterio. Digna de ser
visitada es la cripta del siglo IX. Merece la pena contemplar las muchas columnas
"enanas"-medio enterradas en el suelo-, de grandes capiteles que forman la
cripta y que soportan el peso ciclópeo de la iglesia monacal. Aquí también se contempla
la imagen de San Virila, abad que fue del monasterio y que la leyenda dice que se quedó
prendado escuchando el canto de un ruiseñor durante trescientos años antes de volver
otra vez con sus monjes. La visita incluía la iglesia, templo de características
románicas y donde destaca el pórtico de su entrada principal. Todavía la mañana del
domingo nos daba tiempo para acercarnos a Sos del Rey Católico, histórico y pintoresco
pueblo en lo alto de una colina con calles y casas bien conservadas y que tiene un
ampliado y precioso Parador.
Finalmente
tocaba la vuelta a casa, con parada para comer en Arbizu, al pie de la sierra de Aralar y
aún en tierras navarras. Al caer la tarde, Getxo nos esperaba después de un
"puente" bien aprovechado y de grato recuerdo para todos los componentes del
grupo.