El relato de...


Alberto Angulo

Un "puente" en el Monasterio de Leyre

Nuestras rutas:
1º Día: Getxo- La Foz de Lumbier- Sangüesa.
2º Día: Javier- La Oliva- Olite- Ujué.
3º Día: Isaba- Ochagavía- El bosque de Irati.
4º Día: Monasterio de Leire- Sos del Rey Católico- Getxo.

Lo de pernoctar en Leyre nos pareció una buena idea desde el primer momento. De cara al largo "puente" de Todos los Santos, la pernoctación en el Hostal del Monasterio – tres noches, cinco matrimonios, cuatro adolescentes- nos ofrecía la posibilidad de buenas excursiones. Por eso preparamos un itinerario distinto para cada uno de los cuatro días, teniendo al monasterio de la ladera de Yesa como punto de referencia. El jueves la caravana de coches partía de Getxo hacia Navarra. La carretera es buena y rápida. Al mediodía ya estábamos en el aparcamiento de la Foz de Lumbier. La alternativa era la ruta corta ( 2 Km) o la larga (algo más de 5 Km) Optamos por esta última. El día era soleado y la marcha por la ladera no ofreció dificultad ninguna. Por otra parte, la vista desde lo alto merecía la pena. Recorridos algo más de dos kilómetros llegamos a la boca sur de la Foz. En este extremo se haya la Fuente del Diablo y un antiguo y derruido puente que saltaba el río Irati, justo donde termina el cañón. Una vez cruzados los dos antiguos túneles del extinguido ferrocarril Pamplona – Sangüesa, nos adentramos en el amurallado desfiladero de altas paredes rocosas excavado por el río. Sobre nuestras cabezas decenas de buitres hacían sus acrobacias de "vuelos sin motor" como queriendo impresionar al caminante. ¡Todo un espectáculo de la naturaleza!

Acabado el paseo, nos sentamos en las mesas de picnic para reponer fuerzas con las viandas y el vino que traíamos de casa. La cuadrilla dio conversación y jolgorio. ¡Es una gran suerte tener amigos! La tarde se hizo corta, enseguida cayó la oscuridad de estos días otoñales. Había que poner rumbo a Leyre. Tras tener un primer contacto con las habitaciones, nos hizo ilusión asistir a las Vísperas cantadas por los monjes en el marco de la majestuosa iglesia gótica de altas bóvedas. Terminados los cantos monacales, salimos para la cercana Sangüesa, población de medievales iglesias y conventos que nos recordaron que por aquí pasaba el camino de Santiago.

El viernes lo estrenamos con la visita al castillo de Javier. Nuestra siguiente parada era La Oliva, en las anchas tierras del sur de Navarra. Si por la mañana habíamos dejado a los benedictinos de Leyre, al mediodía visitábamos a los cistercienses de La Oliva. De San Benito a San Bernardo. De los negros hábitos de los primeros a los blancos de los segundos. En este contexto, cabe recordar aquello de que: "Bernardus valles, Benedictus colles amabat". El corto latinajo viene a decir que mientras san Bernardo quería los valles -y la abundancia de agua, añadiría yo-, para sus monasterios, por el contrario san Benito prefería la altura de las colinas o las laderas de los montes. Siguiendo con esta breve disquisición entre estas dos órdenes monacales, ampliaría el tema concluyendo que si san Bernardo deseaba que la luz penetrara en sus templos, san Benito se inclinaba por el recogimiento de la penumbra para los suyos.

Pero estábamos en el monasterio de La Oliva, donde, como en otros muchos monasterios, la desamortización de Mendizabal ha dejado su negativa huella. Aunque se conserva el claustro, sólo quedan restos de la antigua sala capitular, así como de la cocina, del refectorio y de otras dependencias monacales. La visita a la iglesia nos coincidió con los cantos recitados de los monjes, previos a su comida. Y a comer nos fuimos a Olite. En el camino pudimos ver que la laguna de Pitillas estaba casi seca. El portentoso, pero en gran parte reconstruido, castillo de Olite esperaba nuestra visita vespertina. Las niñas jugaron a subir y bajar torres, y a perderse entre tantas galerías, patios y jardines. La ruta del día incluía también Tafalla y Ujué, pero la noche hizo que dejáramos las vistas desde la iglesia-fortaleza de esta última población para otra oportunidad viajera.

El sábado nos ofrecería otro bello recorrido. Tras bordear en parte el embalse de Yesa, ascendimos a Roncal e Isaba, preciosos pueblos de montaña en las estribaciones de los Pirineos. De paso, ocasión para adquirir el famoso queso del Roncal. Tras la parada, la ruta nos llevaría a Ochagavía. Otro pueblo de gran encanto y considerado por muchos como el pueblo más bonito de Navarra. Con todo, nuestra meta iba más arriba, hasta la ermita de Nuestra Señora de las Nieves, en el bosque, también llamado selva, de Irati en el norte del valle de Salazar. Allí se le ofrecen al caminante varias rutas a pie a cuál más atractiva. Además, en esta época del año, el bosque de hayedos y otras especies arbóreas muestra al paseante su más colorista paleta dentro de la gama de tonalidades otoñales. Es en otoño y también en primavera cuando la masa de miles de árboles se visten de sus mejores galas para impresionar al caminante. La vuelta hacia Lumbier y Leyre fue recorriendo los pequeños pueblos del valle de Salazar. Ya en Leyre, en el restaurante del Hostal, el grupo pudo apreciar una buena cena a tono con el magnífico día trascurrido.

El domingo era nuestro día de regreso. Antes de partir tocaba visitar el monasterio. Digna de ser visitada es la cripta del siglo IX. Merece la pena contemplar las muchas columnas "enanas"-medio enterradas en el suelo-, de grandes capiteles que forman la cripta y que soportan el peso ciclópeo de la iglesia monacal. Aquí también se contempla la imagen de San Virila, abad que fue del monasterio y que la leyenda dice que se quedó prendado escuchando el canto de un ruiseñor durante trescientos años antes de volver otra vez con sus monjes. La visita incluía la iglesia, templo de características románicas y donde destaca el pórtico de su entrada principal. Todavía la mañana del domingo nos daba tiempo para acercarnos a Sos del Rey Católico, histórico y pintoresco pueblo en lo alto de una colina con calles y casas bien conservadas y que tiene un ampliado y precioso Parador.

Finalmente tocaba la vuelta a casa, con parada para comer en Arbizu, al pie de la sierra de Aralar y aún en tierras navarras. Al caer la tarde, Getxo nos esperaba después de un "puente" bien aprovechado y de grato recuerdo para todos los componentes del grupo.

Alberto Angulo  -Getxo, Bizkaia
Director del Ciclo Superior de Turismo del IES Uribe Kosta de Plentzia

 

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