El relato de...


Alberto Angulo

Orbaneja del Castillo

-Sin castillo, pero con una cascada famosa.
-Primer pueblo de Burgos que recibe la visita del Ebro.

Si vas a Orbaneja del Castillo haz como en la canción, no preguntes por el castillo. Y no por nada, sino porque del castillo que da apellido al pueblo no queda resto alguno. Los lugareños llaman al pueblo por su nombre de pila, dejando el genitivo para los mapas y documentos oficiales. Además, cabe pensar que dado lo estrecho del cañón del río Ebro donde se sitúa el pueblo, tampoco hacía falta una gran edificación defensiva. Pero aún sin castillo, Orbaneja es uno de los pueblos más pintorescos de la provincia burgalesa y puede presumir de haber sido declarado Conjunto histórico-artístico.

Emplazado en una paraje natural de extraordinaria belleza, en el extremo más septentrional de la provincia de Burgos, Orbaneja se asienta sobre un escalón de rocas sobre el Ebro, en su ladera norte. El caserío lo forman un conjunto alargado de unas cuarenta casas, en su mayoría de piedra, que bajan desde el nacimiento del arroyo que forma su famosa cascada hasta la carretera que discurre por el fondo del estrecho valle. El pueblo tiene a sus pies el río Ebro, siendo el primer pueblo burgalés bañado por el mismo y que además recoge el agua de su cascada.

Orbaneja queda más o menos equidistante de Burgos, Santander y Bilbao. De Bilbao queda a hora y media por carretera, pasando por Villarcayo y conectando con la N-623 de Burgos a Santander para desviarte hacia el oeste dirección Escalada que es el pueblo anterior a Orbaneja.

Del interior del risco que cubre las espaldas del núcleo poblacional, y en concreto de una gruta, nace el arroyo que atraviesa el pueblo y después de mover tres viejos molinos, forma la cascada que sirve de tarjeta de presentación del pueblo. En épocas de más caudal las aguas del arroyo saltan espumosas los escalones calcáreos, dando al visitante un lejano parecido con alguna fontana romana, pero en este caso hecha por la propia naturaleza.

El viajero puede alojarse en alguna de las casas rurales. Desde las mismas, se puede ver el río Ebro envuelto en árboles y frondosa vegetación . Si se levanta la vista a la ladera de enfrente veremos varias cuevas prehistóricas, sobrevoladas por los buitres y más arriba en lo alto de la ladera, unas rocas imitando a derruidas paredes coronan su cresta en caprichos de la propia naturaleza. El turista podrá ver "el mapa de Africa", una curiosa oquedad que semeja el mapa del continente africano.

Tras complacerse con el paisaje desde lo alto, el viajero puede hacer senderismo por las orillas del Ebro. Desde el mismo pueblo sale una ruta que llega hasta el pueblo de Escalada la orilla derecha del río. Son 5.700 metros. Se recorren en hora y media. En el recorrido entre chopos, castaños, avellanos y otros arbustos que pueblan los bancales del río, el senderista podrá captar los diferentes trinos de los pájaros y hasta descubrir alguna nutria si se tercia la suerte, amén de escuchar el cantar de las aguas del aún joven río. Tras llegar a Escalada, el viajero puede abrir la mochila y sacar las viandas en la chopera del lavadero, sentándose a comer junto al río. En este pequeño pueblo se puede tomar un café antes de volver a Orbaneja por la carretera.

Una vez de vuelta al pueblo lo primero que encontramos es la ya citada cascada. Se puede aprovechar para sacarse algunas fotos antes de subir por su borde y pasar junto a los abandonados molinos hasta llegar al nacimiento del arroyo donde el caminante puede descansar tomando un refresco al borde del manantial, contemplando la gran peña donde nace o la nueva casa de piedra que "un rico de Burgos", como me informa un paisano, ha levantado caprichosamente en lo alto de un peñasco. Si aún le quedan fuerzas al viajero, se le ofrece la ocasión de visitar la gruta o seguir el camino que sobrevolando el pueblo sube al páramo.

Después de todo el día, el viajero tiene hambre. Para cenar se puede escoger entre varios restaurantes, siendo "El Arroyo"el más veterano y popular, con comida casera. Otra interesante opción es "El Risco", nuevo restaurante que se cobija bajo un saliente del risco, y adosado al mismo, aprovecha la pared de la roca como propia. La comida que se puede degustaren el pueblo es una combinación de la castellana y de la cántabra dado su proximidad.

La mañana del domingo el viajero puede coger carretera río arriba. A pocos kilómetros nos adentramos en Cantabria. En esta zona próxima hay varias iglesias rupestres que los eremitas de antaño cavaron en la roca y que ofrecen curiosidad al turista. Por otra parte merece la pena también visitar la colegiata románica de San Martín de Elines , así como su claustro donde se están haciendo excavaciones para localizar restos de la primigenia iglesia sobre la que se fundó la actual.

El fin de semana ha sido satisfactorio. El viajero lo recordará por mucho tiempo. Orbaneja quedará en el recuerdo y será un lugar para recomendar a amigos.

P.S. Si en lugar de un fin de semana se dispone de algún día más, el Cañón del Ebro, unos kms más abajo entre Valdelateja y Pesquera del Ebro ofrece al viajero un recorrido de ida vuelta memorable. Por otra parte, la contigua zona de Sedano y Las Loras ofertan al turista varias iglesias románicas, magníficas casas solariegas, el valle del Rudrón, con parajes tan curiosos como El Pozo Azul, así llamado por el color del agua.

Alberto Angulo  -Getxo, Bizkaia
Director del Ciclo Superior de Turismo del IES Uribe Kosta de Plentzia

 

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