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Orbaneja del Castillo
-Sin castillo, pero con una cascada famosa.
-Primer pueblo de Burgos que recibe la visita del Ebro.
Si
vas a Orbaneja del Castillo haz como en la canción, no preguntes por el castillo. Y no
por nada, sino porque del castillo que da apellido al pueblo no queda resto alguno. Los
lugareños llaman al pueblo por su nombre de pila, dejando el genitivo para los mapas y
documentos oficiales. Además, cabe pensar que dado lo estrecho del cañón del río Ebro
donde se sitúa el pueblo, tampoco hacía falta una gran edificación defensiva. Pero aún
sin castillo, Orbaneja es uno de los pueblos más pintorescos de la provincia burgalesa y
puede presumir de haber sido declarado Conjunto histórico-artístico.
Emplazado
en una paraje natural de extraordinaria belleza, en el extremo más septentrional de la
provincia de Burgos, Orbaneja se asienta sobre un escalón de rocas sobre el Ebro, en su
ladera norte. El caserío lo forman un conjunto alargado de unas cuarenta casas, en su
mayoría de piedra, que bajan desde el nacimiento del arroyo que forma su famosa cascada
hasta la carretera que discurre por el fondo del estrecho valle. El pueblo tiene a sus
pies el río Ebro, siendo el primer pueblo burgalés bañado por el mismo y que además
recoge el agua de su cascada.
Orbaneja queda más o menos equidistante de Burgos,
Santander y Bilbao. De Bilbao queda a hora y media por carretera, pasando por Villarcayo y
conectando con la N-623 de Burgos a Santander para desviarte hacia el oeste dirección
Escalada que es el pueblo anterior a Orbaneja.
Del
interior del risco que cubre las espaldas del núcleo poblacional, y en concreto de una
gruta, nace el arroyo que atraviesa el pueblo y después de mover tres viejos molinos,
forma la cascada que sirve de tarjeta de presentación del pueblo. En épocas de más
caudal las aguas del arroyo saltan espumosas los escalones calcáreos, dando al visitante
un lejano parecido con alguna fontana romana, pero en este caso hecha por la propia
naturaleza.
El
viajero puede alojarse en alguna de las casas rurales. Desde las mismas, se puede ver el
río Ebro envuelto en árboles y frondosa vegetación . Si se levanta la vista a la ladera
de enfrente veremos varias cuevas prehistóricas, sobrevoladas por los buitres y más
arriba en lo alto de la ladera, unas rocas imitando a derruidas paredes coronan su cresta
en caprichos de la propia naturaleza. El turista podrá ver "el mapa de Africa",
una curiosa oquedad que semeja el mapa del continente africano.
Tras
complacerse con el paisaje desde lo alto, el viajero puede hacer senderismo por las
orillas del Ebro. Desde el mismo pueblo sale una ruta que llega hasta el pueblo de
Escalada la orilla derecha del río. Son 5.700 metros. Se recorren en hora y media. En el
recorrido entre chopos, castaños, avellanos y otros arbustos que pueblan los bancales del
río, el senderista podrá captar los diferentes trinos de los pájaros y hasta descubrir
alguna nutria si se tercia la suerte, amén de escuchar el cantar de las aguas del aún
joven río. Tras llegar a Escalada, el viajero puede abrir la mochila y sacar las viandas
en la chopera del lavadero, sentándose a comer junto al río. En este pequeño pueblo se
puede tomar un café antes de volver a Orbaneja por la carretera.
Una
vez de vuelta al pueblo lo primero que encontramos es la ya citada cascada. Se puede
aprovechar para sacarse algunas fotos antes de subir por su borde y pasar junto a los
abandonados molinos hasta llegar al nacimiento del arroyo donde el caminante puede
descansar tomando un refresco al borde del manantial, contemplando la gran peña donde
nace o la nueva casa de piedra que "un rico de Burgos", como me informa un
paisano, ha levantado caprichosamente en lo alto de un peñasco. Si aún le quedan fuerzas
al viajero, se le ofrece la ocasión de visitar la gruta o seguir el camino que
sobrevolando el pueblo sube al páramo.
Después
de todo el día, el viajero tiene hambre. Para cenar se puede escoger entre varios
restaurantes, siendo "El Arroyo"el más veterano y popular, con comida casera.
Otra interesante opción es "El Risco", nuevo restaurante que se cobija bajo un
saliente del risco, y adosado al mismo, aprovecha la pared de la roca como propia. La
comida que se puede degustaren el pueblo es una combinación de la castellana y de la
cántabra dado su proximidad.
La mañana del domingo el viajero puede coger carretera
río arriba. A pocos kilómetros nos adentramos en Cantabria. En esta zona próxima hay
varias iglesias rupestres que los eremitas de antaño cavaron en la roca y que ofrecen
curiosidad al turista. Por otra parte merece la pena también visitar la colegiata
románica de San Martín de Elines , así como su claustro donde se están haciendo
excavaciones para localizar restos de la primigenia iglesia sobre la que se fundó la
actual.
El fin de semana ha sido satisfactorio. El viajero lo
recordará por mucho tiempo. Orbaneja quedará en el recuerdo y será un lugar para
recomendar a amigos.
P.S. Si en lugar de un fin de semana se dispone de algún
día más, el Cañón del Ebro, unos kms más abajo entre Valdelateja y Pesquera del Ebro
ofrece al viajero un recorrido de ida vuelta memorable. Por otra parte, la contigua zona
de Sedano y Las Loras ofertan al turista varias iglesias románicas, magníficas casas
solariegas, el valle del Rudrón, con parajes tan curiosos como El Pozo Azul, así llamado
por el color del agua.
Alberto Angulo
-Getxo, Bizkaia
Director del Ciclo Superior de Turismo del IES Uribe Kosta de Plentzia
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