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Navegando por canales en Francia
Una semana de crucero por canales en
Francia, propuso un miembro del grupo. La propuesta fue bien aceptada desde el
principio por los seis matrimonios amigos vinculados a la Hípica La Galea en
Getxo, Bizkaia.. Esto era allá por navidad. Posteriormente, en nuestros encuentros de fines de
semana fuimos madurando la idea entre veras y bromas: que se dice atracar, no
aparcar; que no son cuerdas, que son cabos; que si babor es la
izquierda; que si proa, que si popa. Tuvimos que decidir entre las diez
regiones que nos ofrecía la Crown Blue Line. Optamos por Alsacia-Lorena, porque nos daba
la posibilidad de pasar a Alemania concluida la navegación. En abril hicimos la reserva
para la primera semana de Agosto.
Los aprendices
de navegantes éramos un grupo de seis matrimonios amigos y algunos de sus hijos: una
chica de 17 años, cinco de 13-14, y hasta un bebé de 15 meses. En total 19 personas. En
cuanto al recorrido elegido, entre Boofzheim y Hesse, son 106 Km., 43 esclusas, y unas 28
horas de navegación. Las dos bateaux seleccionados fueron una Challenger 17 y una
Mediterranean, ambas de 14 metros y sin necesidad de título alguno para su pilotaje.
Para aliviar la subida hasta
Boofzheim, 40 Km. al sur de
Estrasburgo, hicimos noche en Annecy, precioso pueblo a orillas de un lago donde pudimos
refrescar los sudores del coche. Al día siguiente estábamos en nuestro punto y puerto de
partida. Primer contacto con las embarcaciones y la sorpresa de que cabían los equipajes
y la gran carga de víveres que traíamos con nosotros. A pesar de nuestra primera
impresión, pudimos alojarnos con relativa comodidad.
Cabía pensar que
fuera Estrasburgo la primera singladura. Pero entre la bisoñada de marinos y las
maniobras de las esclusas, decidimos atracar antes de alcanzar Estrasburgo. A la mañana
siguiente, amarramos en el centro de la ciudad que alberga el modernísimo Parlamento
Europeo. Ciudad llena de historia y con el encanto de la Petite France, una de
sus zonas más atrayentes. Después de dos días en Estrasburgo, pasamos con nuestros dos
barcos por delante del acristalado edificio del Parlamento, camino de Saverne. Visitamos
la histórica ciudad para llegar al día siguiente a Lutzelburgo, pintoresco pueblo entre
bosques, y terminar nuestro recorrido en Hesse, donde hicimos nuestra última noche,
tras navegar por los canales del Ródano al Rin y del Marne al Rin.
 El pilotaje de las embarcaciones no supuso
dificultad especial, aunque dos personas del grupo ya tenían alguna noción. El resto
pudimos hacer nuestros primeros pinitos al timón por las calmadas aguas de los canales.
Las 47 esclusas que atravesamos, unas de subida y otras de bajada,
pusieron a prueba nuestra coordinación de equipo, pero terminamos siendo auténticos
expertos en las mismas. Mención aparte merece la moderna esclusa llamada El plano
inclinado de San Luis Arzviller, donde las embarcaciones suben o bajan en un
funicular que supera los 45 metros de desnivel, evitando 17 viejas esclusas desde su
inauguración en 1969.
Los canales con
más de 150 años de existencia están bordeados por un carril de bicis y otro de
peatones, aprovechando los antiguos caminos de sirga por donde animales o viejas máquinas
de tren tiraban de las gabarras cargadas de mineral o de madera. Hoy en día, aunque te
cruzas con alguna vieja gabarra, se puede decir que los canales tienen mas bien una
utilidad turística. El lento navegar permite al turista contemplar las verdes campiñas,
sembradas de árboles y de bosques. El viajero se extasía ante la vista de pequeños
pueblos y ciudades, llenos de maceteros con flores, que han vivido las vicisitudes de
pertenecer históricamente unas veces a Alemania y otras a Francia.
La vida en los
barcos se nos hizo placentera. Los desayunos, comidas y cenas, cuando las hacíamos junto
a los barcos, eran al aire libre, utilizando las mesas y bancos de los lugares de amarre.
A menudo las sobremesas, a la sombra de un frondoso árbol o bajo el cielo estrellado, se
prolongaban en amenas conversaciones de grupo. Las niñas, por su parte, se concentraban
en sus músicas y sus juegos, dejando a los adultos disfrutar a sus anchas.
Acabada la semana en los canales, unos días en la cercana Alemania fueron
digno colofón a nuestras vacaciones en grupo: Heidelberg, Baden-Baden, Coblenza, y el
valle del Rin Loreley incluido- supusieron un remate digno. Si a todo ello añadimos
la parada en la histórica y afamada ciudad de Carcasons en nuestro retorno a casa,
podemos decir que pusimos un digno final a un inolvidable viaje vacacional.
Alberto Angulo
-Getxo, Bizkaia
Director del Ciclo Superior de Turismo del IES Uribe Kosta de Plentzia
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