El relato de...


Alberto Angulo

Navegando por canales en Francia

“Una semana de crucero por canales en Francia”, propuso un miembro del grupo. La propuesta fue bien aceptada desde el principio por los seis matrimonios amigos vinculados a la Hípica La Galea en Getxo, Bizkaia.. Esto era allá por navidad. Posteriormente, en nuestros encuentros de fines de semana fuimos madurando la idea entre veras y bromas: “que se dice atracar, no aparcar”; “que no son cuerdas, que son cabos”; “que si babor es la izquierda”; “que si proa, que si popa”. Tuvimos que decidir entre las diez regiones que nos ofrecía la Crown Blue Line. Optamos por Alsacia-Lorena, porque nos daba la posibilidad de pasar a Alemania concluida la navegación. En abril hicimos la reserva para la primera semana de Agosto.

Los aprendices de navegantes éramos un grupo de seis matrimonios amigos y algunos de sus hijos: una chica de 17 años, cinco de 13-14, y hasta un bebé de 15 meses. En total 19 personas. En cuanto al recorrido elegido, entre Boofzheim y Hesse, son 106 Km., 43 esclusas, y unas 28 horas de navegación. Las dos bateaux seleccionados fueron una Challenger 17 y una Mediterranean, ambas de 14 metros y sin necesidad de título alguno para su pilotaje.

Para aliviar la “subida” hasta Boofzheim, 40 Km. al sur de Estrasburgo, hicimos noche en Annecy, precioso pueblo a orillas de un lago donde pudimos refrescar los sudores del coche. Al día siguiente estábamos en nuestro punto y puerto de partida. Primer contacto con las embarcaciones y la sorpresa de que cabían los equipajes y la gran carga de víveres que traíamos con nosotros. A pesar de nuestra primera impresión, pudimos alojarnos con relativa comodidad.

Cabía pensar que fuera Estrasburgo la primera singladura. Pero entre la bisoñada de marinos y las maniobras de las esclusas, decidimos atracar antes de alcanzar Estrasburgo. A la mañana siguiente, amarramos en el centro de la ciudad que alberga el modernísimo Parlamento Europeo. Ciudad llena de historia y con el encanto de la “Petite France”, una de sus zonas más atrayentes. Después de dos días en Estrasburgo, pasamos con nuestros dos barcos por delante del acristalado edificio del Parlamento, camino de Saverne. Visitamos la histórica ciudad para llegar al día siguiente a Lutzelburgo, pintoresco pueblo entre bosques, y terminar  nuestro recorrido en Hesse, donde hicimos nuestra última noche, tras navegar por los canales del Ródano al Rin y del Marne al Rin.

El pilotaje de las embarcaciones no supuso dificultad especial, aunque dos personas del grupo ya tenían alguna noción. El resto pudimos hacer nuestros primeros pinitos al timón por las calmadas aguas de los canales. Las 47 esclusas que atravesamos, unas de “subida” y otras de “bajada”, pusieron a prueba nuestra coordinación de equipo, pero terminamos siendo auténticos expertos en las mismas. Mención aparte merece la moderna esclusa llamada “El plano inclinado de San Luis Arzviller”, donde las embarcaciones suben o bajan en un funicular que supera los 45 metros de desnivel, evitando 17 viejas esclusas desde su inauguración en 1969.

Los canales con más de 150 años de existencia están bordeados por un carril de bicis y otro de peatones, aprovechando los antiguos caminos de sirga por donde animales o viejas máquinas de tren tiraban de las gabarras cargadas de mineral o de madera. Hoy en día, aunque te cruzas con alguna vieja gabarra, se puede decir que los canales tienen mas bien una utilidad turística. El lento navegar permite al turista contemplar las verdes campiñas, sembradas de árboles y de bosques. El viajero se extasía ante la vista de pequeños pueblos y ciudades, llenos de maceteros con flores, que han vivido las vicisitudes de pertenecer históricamente unas veces a Alemania y otras a Francia.

La vida en los barcos se nos hizo placentera. Los desayunos, comidas y cenas, cuando las hacíamos junto a los barcos, eran al aire libre, utilizando las mesas y bancos de los lugares de amarre. A menudo las sobremesas, a la sombra de un frondoso árbol o bajo el cielo estrellado, se prolongaban en amenas conversaciones de grupo. Las niñas, por su parte, se concentraban en sus músicas y sus juegos, dejando a los adultos disfrutar a sus anchas.

Acabada la semana en los canales, unos días en la cercana Alemania fueron digno colofón a nuestras vacaciones en grupo: Heidelberg, Baden-Baden, Coblenza, y el valle del Rin –Loreley incluido- supusieron un remate digno. Si a todo ello añadimos la parada en la histórica y afamada ciudad de Carcasons en nuestro retorno a casa, podemos decir que pusimos un digno final a un inolvidable viaje vacacional.

Alberto Angulo  -Getxo, Bizkaia
Director del Ciclo Superior de Turismo del IES Uribe Kosta de Plentzia

 

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