A
fines del XV se reconstruyó la antigua torre banderiza de Arteaga, pero no será hasta
1856 cuando tome su actual fisonomía. Ese año, las Juntas Generales de Vizcaya ceden el
edificio a la emperatriz Mª Eugenia de Montijo, descendiente del linaje de la torre, y se
inicia la reconstrucción bajo proyecto del arquitecto de la corte francesa Couvrechef, y
a su muerte, Ancelet. El resultado es una torre romántica de gran verticalidad, con
cuatro plantas y sótano, dejando para las plantas bajas los servicios y para las altas
los salones y dormitorios. Al volumen central se adosa un torreón angular que aloja la
escalera y toda la finca se rodea por un muro con torres angulares que cierran el jardín,
diseñado por el jardinero de la casa imperial Newman, aunque hoy muy perdido. |