 
Ubicada sobre un imponente farallón artificial,
visible por atrás, la iglesia de Arrazua presenta una lectura diferente desde el interior
o el exterior. La nave fue levantada hacia 1530, y cubierta por artesonado de madera, al
que corresponden los estribos exteriores. Sin embargo en los años siguientes a 1819, J.B.
Belaunzaran realizará las bóvedas baídas, apoyadas en las actuales columnas y
conferirá una nueva luz al templo abriendo tres vanos termales. Las columnas las alinea
con los apoyos del coro que en 1772 realizaba J. Iturburu. Tanto la
torre de campanas como el pórtico perimetral son obras del S. XVII. La influencia
neoclásica se extiende hasta la casa cural próxima. Paisajísticamente, perviven las
claves de los inicios de la iglesia: su acceso natural, es el del valle, a través del
camino jalonado por el vía crucis hasta lo alto de la colina, "ambientación"
original del barroco.
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