  Juan Bautista de Belaunzaran
proyectó esta monumental y ambiciosa iglesia con clara intención de urbanizar un espacio
rural y con la indudable influencia de la iglesia de Nabarniz, donde trabajó un año
antes de realizar el proyecto de Ajangiz (1819). Su juego de volúmenes revela una
tipología plenamente neoclásica: planta central cubierta por cúpula, donde se inscribe
una cruz y ésta, a su vez, en un rectángulo ocupado por sacristía y pórticos. La
fachada principal, repleta de connotaciones clásicas, mira al valle de Gernika y frente a
ella debía de ir la plaza. Esta es la razón por la que se ubican a la derecha las casas
rurales, hoy en día un tanto excéntricas. Sin embargo, tanto su hijo Hermenegildo en
1848, como Pedro en 1860 cuando remata el pórtico y retrasa la plaza hacia un lateral,
debieron acabar la obra inconclusa de su padre. De Pedro es también la casa consistorial
(1851) y las escuelas se deben, asimismo, a esta familia.
Constituye una referencia, la más pura, de colonización
neoclásica de un área rural, creando un nuevo pueblo. Experiencia con apoyo desde la
corte, no suficientemente estudiada, siendo figura central del proceso el entonces
Diputado en Madrid D. Félix Pertica (ver caserío Auzokoa). |